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martes, 12 de enero de 2021

SOY MUJER: SOY AMADA

 

 
HE CONOCIDO A ALGUNAS MUJERES que se sienten incómodas en su calidad de mujer; por crianza o por cultura, creen que lo femenino es inferior a lo masculino. Viven en una constante lucha contra ellas mismas, con un sentimiento de indignidad que las lleva a una existencia opacada. Les cuesta descubrir todo lo bello que implica ser mujer y, por ende, vivir lo femenino. Simplifican su existencia a pura sobrevivencia, Sin reconocer todo el potencial que Dios puso en ellas al crearlas con género femenino.

Si ese es tu caso, querida amiga, recuerda: nada en tu naturaleza es un error. Bajo esta premisa puedes mirar con fe y confianza tus posibilidades, moverte hacia tus objetivos y cumplir los planes de Dios para ti. Es hora de que aportes tu granito de arena hacia el logro de un mundo mejor; puedes hacerlo desde tu esencia de mujer. Tu valía personal debe estar sustentada en el amor de Dios, no en la aprobación de los demás o en conceptos sociales no equilibrados que tal vez te han transmitido desde niña. Saberte amada por Dios es la clave cuando tu entorno quiera hacerte creer que no vales nada.

Amarte a ti misma es amar la creación de Dios; menospreciarte, es menospreciar los dones que te otorgó. Disfrutar a la mujer que eres es disfrutar a Dios en tu vida. Cuando tu amor propio se traduce en gratitud al Señor, no es egolatría ni vanagloria, es sencillamente reconocerte como su hija. Nuestra creación no tuvo más razón de ser que el amor de Dios; entender esto es un principio de salud, no solo espiritual, también emocional y relacional.

Ámate a través del amor de Dios; eso te hará ser humilde y cálida; te capacitará para amar a los demás. Como dice Patrice Baker: «Primero aprende a amarte y a aceptarte incondicionalmente. Luego podrás amar y aceptar verdaderamente a otra persona».

Cuando te sientas insegura, recuerda:

  • El amor de Dios es eterno.
  • Su amor por ti va más allá de tu entendimiento.
  • Él siempre te amará incondicionalmente.
  • Solo experimentando su amor podrás amar a tu prójimo.
  • Afiánzate en su promesa: «Porque te aprecio, eres de gran valor y yo te amo» Isa. 43: 4.
#MatinalDeDamas

5A PARTE- APÁRTENSE DE TODA CLASE DE MAL



ES CURIOSO QUE EL APÓSTOL ESCRIBIERA «apártense de toda clase de mal» y no sencillamente «apártense del mal», sin más; infiero entonces que hay varias categorías en lo que al mal respecta. ¿Pueden incluirse aquí asuntos que a nuestros ojos parecen inofensivos, pero que en el fondo son tan malos como lo peor?

Si eres de esas personas que a menudo se confrontan a sí mismas arguyendo «¿qué tiene de malo esto?» , o «soy bastante madura como para hacer ciertas cosas sin que me afecten», o «no le estoy haciendo daño a nadie», entonces te estás poniendo en una situación de vulnerabilidad que será aprovechada por Satanás. Nuestro criterio es demasiado frágil como para apoyarnos en él; nuestros pasos solo son seguros cuando afincamos nuestro caminar por la vida en un «así dice Jehová».

En la Biblia leemos: «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» l Cor. 10:23, RV95. He ahí la clave para actuar con responsabilidad ante Dios y ante nosotras mismas: todo aquello que estorba el crecimiento espiritual y nutre tu naturaleza carnal debe ser evitado. No debes ponerte en la línea de fuego del diablo pensando que eres lo suficientemente «lista» como para no ser engañada. Lo que lees, lo que miras en la pantalla, tus conversaciones y ciertos pensamientos obsesivos esclavizan tu día a día con cadenas sutiles de perversión.

Cuando Eva se acercó al hermoso árbol que Dios le había prohibido tocar, quizá pensó que no estaba haciendo nada malo, pero le dio a Satanás su primera ventaja. El resto era cuestión de tiempo. El maligno esperó pacientemente hasta que Eva sucumbió a su deseo de poseer el fruto. Un gran conocedor de la naturaleza femenina no se empeña en grandes «trampas»; es sutil, cauteloso y astuto.

Frente a la tentación, ten la certeza de que Dios es poderoso para librarte de ti misma y de tus tendencias a lo malo, lo impuro y lo profano. No tengas vergüenza de declarar tus debilidades a Dios. El eterno y compasivo Señor está a tu alcance cuando lo malo intenta jugarte una mala pasada disfrazándose de bueno. «Cuando nos asalten las tentaciones y las pruebas, acudamos a Dios para luchar con él en oración. Él no dejará que salgamos vacíos, sino que nos dará fortaleza y gracia para vencer y quebrantar el poderío del enemigo» (La oración, p. 62).

#MatinalDeDamas

lunes, 11 de enero de 2021

4a PARTE SOMÉTANLO TODO A PRUEBA

 

 
LAS MUJERES QUE COCINAN saben que los mejores alimentos se consiguen en los mercados, donde los productos llegan directamente del campo. He tenido varias aventuras en algunos de estos lugares tan típicos de los países latinoamericanos. La mezcla extraordinaria de colores, sabores y texturas me hace volver una y otra vez a repetir la experiencia. Los vendedores que con su mano extendida te ofrecen probar del producto son los que más ayudan a decidir qué llevar a casa. Sin probar no se compra.

Pensando en este asunto, viene a mi mente el consejo del apóstol: «Sométanlo todo a prueba» l Tesa. 5:21. Si sometemos a prueba el alimento físico que llevamos a la mesa antes de comprarlo, ¿no debemos hacer lo mismo con el alimento para el espíritu y el intelecto? Someter a prueba todo aquello que entra a la casa y a la mente, a veces imperceptiblemente, nos librará de culpas, de hábitos que corrompen y de filosofías que opacan nuestra visión de la eternidad.

Así como haces con los alimentos, somete a prueba lo que entra a tu casa a través de la pantalla, la música y las ideas aparentemente «Innovadoras» que cautivan los sentidos apartándote de la serena conexión con el Eterno. Son tiempos para estar alerta.

La vida es, a veces, como un mercado: vende ideas, filosofías, conceptos y estilos de conducta que pueden corromper el templo del Espíritu Santo, que somos nosotros. La amonestación del Señor es: «Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos?». 2 Cor. 13: 5, RV95.

Si después de leer esta reflexión te dispones a salir al mercado a buscar alimentos para tu familia, disfruta de los colores, aromas y sabores, y alaba a Dios por su generosidad al permitirnos hacer del comer un deleite. Cuando salgas al «mercado» de la vida, aplica la misma fórmula: examina, prueba y elige; para que elijas bien. No todo lo que parece bueno, lo es; pon a prueba lo que escuchas, lo que ves, lo que lees, lo que tocas… De ello depende tu bienestar y el de las personas que están en tu círculo de acción. En esta tarea no estás sola; Dios está contigo.

#MatinalDeDamas

sábado, 9 de enero de 2021

3a PARTE – DEN GRACIAS A DIOS EN TODA SITUACIÓN

 

 
LOS EXPERTOS ASEGURAN que la gratitud es un sentimiento que puede traer mayor bienestar y sentido de plenitud al ser humano. Afirman que la gratitud puede eliminar la negatividad y el desgano aun frente a las circunstancias más adversas. Un hecho tan simple como decir «gracias» no es tan fácil como pudiéramos creer; hay quienes no perciben en su entorno nada por lo cual agradecer. Consideran que la vida los ha puesto del lado de los perdedores; no ven que ellos se han pasado al lado de la ingratitud.

El pedido del Eterno es: «Den gracias a Dios por todo» 1 Tesa. 5:18. ¿Es posible hacerlo cuando llega la muerte, la enfermedad, la ruina financiera o el fracaso de una relación? ¿O será más bien este un pedido de un Dios que está sentado en las alturas de los cielos, ajeno a las necesidades de sus criaturas?

Algunos libros de autoayuda intentan demostrar que al ser agradecidos generamos una energía positiva que atrae a personas y circunstancias que nos llenan de bienestar. Yo no creo que la gratitud sea una energía que nosotras podemos generar, sino un don de Dios que debemos pedir en oración con el compromiso de transformarlo en hábito.

Enfocar la mente en el Dios dador de la vida es el principio de la gratitud. Hoy hubo amanecer, y con él la vida inició su jornada; lo saben las aves y lo proclaman con sus cantos al aire. ¿Ya lo hiciste tú? Al atardecer, cuando la naturaleza se despida del día con el canto de los grillos, ¿irás a disfrutar del descanso sin imitar su ejemplo?

Las quejas, los resentimientos y las críticas nos llevan a dar la espalda a Dios; comencemos a hacer de la gratitud una manera de vivir. Los siguientes ejercicios diarios podrán ayudarte a lograrlo:

  • Arrodíllate y dile a Dios «gracias»; experimentarás una sensación de bienestar.
  • Escribe al menos tres cosas, situaciones o personas por las cuales das gracias
  • Agradece a Dios por algo que siempre has tenido, pero por lo cual no has agradecido.
  • Agradece por lo que tienes y por lo que tendrás.
  • Agradece por lo que no tienes y no necesitas.
  • Agradece por las personas que se fueron de tu vida, por las que están ahí y por las que llegarán. Decide ser agradecida.
#MatinalDeDamas

¿TRANSPIRACIÓN O MILAGROS?

 

 
La transpiración es un líquido (compuesto por dióxido de carbono y vapor de agua) que segregamos naturalmente por los poros de la piel, y en mayor cantidad cuando la temperatura del ambiente es elevada. Se puede dar también porque el cuerpo genera calor (como cuando hacemos ejercicio) y ante situaciones de estrés.

Entre las funciones de la transpiración, podemos destacar la termorregulación —lo que mantiene nuestro organismo en una temperatura estable e ideal—, la eliminación de toxinas y la refrigeración.

Más allá de lo fisiológico, también usamos la expresión para ilustrar el grado de identificación con un ideal o con una causa. Si decimos que alguien «transpira la camiseta» es porque está identificado, apasionado, centrado y totalmente comprometido con una actividad.

Por su parte, un milagro es una intervención divina. Es un acto sobrenatural que se percibe o recibe a través de la fe. Para otros, es tan solo  una hipótesis que pretende explicar ciertos fenómenos sin ninguna comprobación científica posible. Y, para los que no quieren creer, un milagro es un defecto o una debilidad del necesitado corazón humano.

Pablo fue apedreado en Iconio y arrastrado fuera de la ciudad. Auxiliado por hermanos, Pablo se levantó, y se dirigió a Derbe para seguir predicando. Todavía las manchas de sangre no se habían secado en su túnica, y él seguía adelante con su misión.

Después de anunciar el evangelio en aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvió a Listra, Antioquía e Iconio, para seguir predicando, aun en medio de tribulaciones, a fin de extender el Reino de Dios.

De este modo, Pablo visitó algunas de las principales ciudades de aquel entonces. Es verdad que muchos milagros acompañaron el ministerio de Pablo, pero también es verdad que él se entregaba por completo a la causa.

¿Estamos hoy precisando más transpiración, más identificación y más compromiso? ¿Necesitamos más comunión, más foco en la misión y más milagros? ¿Acaso no necesitamos desintoxicar nuestro organismo del egoísmo y el orgullo, manteniendo la temperatura ideal del primer amor, refrigerada permanentemente por Cristo, nuestra Fuente de la vida?

«Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el Brazo todopoderoso» (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 508, 509). El Señor hizo muchos milagros de la nada, pero también hizo muchos milagros sobre la base de la transpiraciónActuemos como si todo dependiera de nosotrosconfiemos como si todo dependiera de Dios.

#MatinalDeAdultos

2a PARTE OREN SIN CESAR

SE ME OCURRIÓ BUSCAR EN EL DICCIONARIO la definición de la palabra oración, y me refirió al siguiente concepto: Enunciado que tiene un verbo como núcleo del predicado. En realidad, no era este tipo de oración el que yo buscaba, pero sentada frente a esta definición, reflexioné en ella y la apliqué al concepto de la oración como plegaria.

Cuando oramos, necesitamos que el núcleo sea el Verbo; recordemos quién es el Verbo: En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios Juan 1: l, RV95. El verbo es quien nos mueve a nosotras, que somos el sujeto. En otras palabras: cuando oramos nos ponemos en sintonía con Dios para que su Espíritu nos mueva a conocer, aceptar y cumplir la voluntad del Padre.

La oración es una fuente inagotable de bendiciones. La mujer que ora encuentra sabiduría y discernimiento para hacer frente a sus retos; su fortaleza será renovada cuando el cansancio y la fatiga tomen como presa su cuerpo y su mente. En las Sagradas Escrituras leemos: Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes. l Ped. 5:7.

Cuando oramos, se ve nuestra naturaleza humana: buscando respuesta a una petición, somos insistentes y nuestras súplicas no cesan. Pudieras llegar a pensar que cansas a Dios; sin embargo, ten la certeza de que te escucha con profunda compasión, y su corazón empático se conmueve. No hay ningún

aspecto de tu vida que quede fuera de su atención. La niña, la joven, la esposa, la madre, la abuela siempre encontrarán sustento cuando acudan reverentemente ante Dios suplicando ayuda.

Tomad tiempo para orar, y al hacerlo, creed que Dios os oye. Mezclad fe con vuestras oraciones. Puede ser que no todas las veces recibáis una respuesta inmediata, pero entonces es cuando la fe se pone a prueba. (Testimonios para la iglesia, t. l, p. 156). La oración de fe sencilla bendice, restaura, sana, une y, además, renueva tu mente, de tal modo que agudiza tu capacidad de discernir, lo que te lleva a gozar de libertad para tomar decisiones responsables.

Hoy, antes de iniciar tu jornada, inclínate ante Dios con humildad. Que tu oración sea: Señor, gracias por este nuevo día. Me regocijo en ti. Gracias por todo lo que sentiré y haré hoy, pues confío en que serás mi ayudador, mi amigo, mi consejero y mi sustentador. Amén.

#MatinalDeDamas


jueves, 7 de enero de 2021

1a PARTE ESTÉN SIEMPRE ALEGRES

 

TE PROPONGO INICIAR hoy una serie de cinco reflexiones basadas en 1 Tesalonicenses 5:16-22, que dice así: l) Estén siempre alegres, 2) oren sin cesar, 3) den gracias a Dios en toda situación, 4) sométanlo todo a prueba, 5) eviten toda clase de mal. Empecemos por la primera parte: Estén siempre alegres (NVI).

Estar siempre alegres parece imposible. Sin embargo, es un pedido de Dios, y él nunca nos pediría nada que no esté a nuestro alcance. Lo que lo hace parecer imposible es nuestro concepto de la alegría. Entendida como una emoción basada en el placer, claro que es un pedido inalcanzable. Sin embargo, la alegría va más allá de eso.

La alegría a la que se refiere Dios es el estado que alcanzamos cuando vivimos en armonía con él, con nosotras mismas y con el prójimo, y es ajena a las circunstancias que nos rodean. La alegría se asemeja a una planta que se cultiva día a día con cuidado y voluntad; es una decisión firme de restar lo negativo y sumar lo positivo; es pasar del ego al altruismo. El terreno para cultivar la alegría somos tú y yo, así como las relaciones con la familia, los amigos, y las personas que llegan y se van de nuestra vida en el trajín cotidiano.

Comienza estando alegre contigo, con lo que eres, lo que haces y tienes. Si alguno de estos aspectos de tu vida se puede mejorar, atrévete a intentarlo: sueña con lo que es posible y muévete a la acción. Por otro lado, la alegría no se vive a solas; al experimentarla, te encontrarás con personas que vienen, otras que se van y muchas tantas que se quedan. Tal vez tú esperas que los que se quedan se vayan, y que los que se van se queden. Al aceptar que no ocurre así, abres la puerta a la flexibilidad mental, que es un principio básico para lograr estar alegres de una manera permanente. Entonces te será posible hacer tuyo el pedido del apóstol: Alégrense siempre en el Señor- Repito: ¡Alégrense! (Fil. 4: 4).

Cultiva tu alegría cooperando con la voluntad de Dios; entusiásmate frente a los desafíos; ve lo bueno que hay en ti y en los demás; desarrolla el buen humor; ponle sabor a lo desabrido; sé precavida pero no miedosa. El mundo está lleno de alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas.

#MatinalDeDamas

CAMBIA TU LENTE

 

 
HACE UNOS DÍAS asistí a mi cita periódica con el oftalmólogo, atendiendo a su recomendación. Me dijo que, cada dos años como máximo, los lentes deben ser revisados para cambiar su graduación. Me sentía bien con mis lentes; yo creía que me ofrecían una visión clara y nítida, y pensé que era innecesaria la revisión. Sin embargo, ya en el consultorio y tras haber hecho las pruebas pertinentes, me di cuenta de que me hacía falta un cambio de lentes. No vemos lo que no podemos ver.

De repente, todo parecía tener una nueva luz, un nuevo brillo; ahora veía los pequeños detalles de los objetos que me habían pasado desapercibidos sin darme cuenta. Al mirarme al espejo descubrí rasgos en mi rostro que no sabía que tenía: unas cuantas arrugas que yo no había visto pero que sí, allí estaban; y me descubrí lanzando una exclamación de sorpresa. Indudablemente, era necesario el cambio. Mi conclusión fue: Las cosas no son como yo las veía.

Apliquemos esta experiencia al ámbito espiritual. A veces pasamos la vida con una visión borrosa de la realidad. Juzgamos en función de lo que vemos, y así mismo opinamos. Incluso amamos a través del filtro de nuestra propia lente, sin preguntamos si realmente lo que vemos es lo que es. Nuestra visión debe ser renovada, ahora lo comprendo claramente. Para ello tenemos que acudir a la consulta del oftalmólogo celestial, nuestro Dios. En su sabiduría, perfeccionará nuestra visión, y veremos con los ojos del discernimiento espiritual lo que no sabemos ver por nosotras mismas, con nuestra mirada carnal. Nuestra mirada será entonces más empática. Veremos a los demás como Dios los ve. Y descubriremos arrugas emocionales y espirituales en nosotras mismas que nos devolverán la humildad. Esa humildad que es la clave de la vida cristiana.

Si tu visión está empañada por un pasado de vergüenza, traumas, desilusiones y fracasos, y estos no te dejan vivir el presente ni mirar con optimismo el futuro, no repartas culpas ni te escondas tras excusas. Ve al consultorio del divino médico, clama por restitución y toma responsabilidad de tu vida. La mirada corregida por el poder de Dios te hará sensible, misericordiosa y equilibrada; podrás trabajar en ti misma y dejar atrás la arrogancia.

#MatinalDeDamas

martes, 5 de enero de 2021

Para qué Sirve el sufrimiento

 

 
SOPORTAR DIFICULTADES, perder para ganar, sacrificar deseos, enfrentarse a situaciones inesperadas como la enfermedad o la muerte son algunas de las cosas a las que estamos expuestas, e indudablemente traen consigo una dosis alta de sufrimiento.

Muchas personas dudan del carácter de Dios sobre el argumento de que un Dios amante no permitiría el sufrimiento humano. Sin embargo, en su plan maestro en nuestro favor, el sufrimiento, que es resultado de la desobediencia, puede llegar a ser un acicate para alcanzar nuestra perfección en Cristo Jesús.

En realidad, sufrir es inevitable; lo importante es la actitud que tomamos ante el sufrimiento y ante la circunstancia que nos lo genera. Toda mujer cristiana madura reconoce que aceptar el plan de Dios para nuestra vida y movilizarnos para llevarlo a cabo muchas veces implica sufrir.

En una sociedad que tiene como aspiraciones máximas sentir placer y no experimentar dolor, ¿cuál es la razón de ser del sufrimiento en la vida del cristiano? ¿Qué provee el sufrimiento que ninguna otra circunstancia puede dar? Lo primero que nos apona es que nos abre los ojos a nuestra necesidad de Dios: sufrir nos pone en una situación de vulnerabilidad, la cual nos lleva a buscar apoyo y sustento en Cristo, reconociendo que por nosotras mismas somos incapaces.

Aunque parezca una paradoja, el sufrimiento con sentido puede llegar a ser una fuente de gozo, porque podemos ver que nos conduce a una madurez espiritual que no hubiera sido posible sin ese dolor. Es en medio de la adversidad como nos damos cuenta de nuestras limitaciones y como obtenemos compasión hacia el que sufre.

Para llegar a cumplir los planes divinos para tu vida, aprovecha los dones de Dios; y muévete a la acción, aunque esto conlleve, quizá, una dosis de sufrimiento. Este año traerá para ti desafíos que te empujarán a tomar decisiones y a actuar, y quizá al hacerlo también tengas que sufrir. Sin embargo, la promesa de Dios es eterna, y nos asegura: «No temas, que yo te he libertado; yo te llamé por tu nombre, tú eres mío. Isa. 43:1.

Vive este día con la certeza del cuidado de Dios, e impúlsate hacia lo que está adelante con la actitud de una mujer que ha puesto su vida al resguardo del Eterno.

#MatinalDeDamas

lunes, 4 de enero de 2021

Y AHORA….. MANOS A LA OBRA

 

 
VIKTOR FRANKL, el creador de la logoterapia, dice en uno de sus libros que podemos descubrir el sentido de la vida en función de tres condiciones: l) acogiéndonos a los dones de Dios, 2) moviéndonos a la acción y 3) a través del sufrimiento.

Ayer hablamos del primer aspecto: recibir los dones de Dios y ponerlos en uso. Hoy te invito a reflexionar en la segunda condición para encontrar el sentido de la vida: la acción. Movernos a la acción quizá sea el paso más complicado cuando nos enfrentamos a diversas dificultades; sin embargo, al hacerlo, entramos en un proceso de mejora permanente, lo que nos abre puertas a una infinidad de posibilidades.

Acción, movimiento, son cosas que parecen simples; sin embargo, frente a una gran dificultad, muchas de nosotras nos quedamos petrificadas, totalmente paralizadas. Para que hagamos algo en esas circunstancias es necesario que ejerzamos voluntad y pongamos un empeño consciente. Y, aunado a esto, debemos levantar la vista a Dios con fe.

Décadas atrás, las mujeres estábamos en una posición de meras espectadoras de lo que ocurría en el mundo. Hoy, sin embargo, la vida nos ha llevado a un protagonismo para muchas, tal vez, no deseado. Algunas lo experimentan desde la trinchera de sus hogares, como madres y esposas; otras, desde su ámbito laboral o al frente de un negocio o de una gran empresa.

Si eres ama de casa, debes saber que no solo arreglas camas y haces la comida; en la crianza de tus hijos estás sentando las bases que definirán el destino de la sociedad, que hoy por hoy se encuentra en crisis. Si laboras fuera de casa, tienes también un desafío que solo será superado si te mueves a la acción.

El obstáculo que con mayor frecuencia nos impide movemos a la acción es el miedo. Sentimos miedo a lo nuevo porque conlleva cambios, ajustes, aprendizajes, esfuerzo. y eso significa salir de nuestra zona de confort.

Dios, que está dispuesto a ir al frente para disipar tus miedos, te hará comprender que es del temor que nace el valor para alcanzar la excelencia. Intentar hacer cosas por ti misma sin contar con la dirección de Dios es arrogancia, pero asirse de la mano del Señor y seguir sus indicaciones revestida de humildad es el camino del éxito. Así que, mi querida amiga, manos a la obra.

#MatinalDeDamas

martes, 29 de diciembre de 2020

EL LLAMADO A SERVIR

 

 
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Era la primera campaña de evangelización en la que yo participé como predicadora. Aquellos fueron días de mucho estrés. Hubo noches en que llegaba corriendo a casa con mis dos hijos y, como tenía que terminar el sermón que iba a predicar, no les podía dar de cenar; no tenía tiempo para atenderlos. Preocupada por esa situación, le pregunté a Dios: Señor, ¿por qué estoy aquí?

¿Eres tú quien quiere que yo predique en esta campaña? Será que me equivoqué? Por favor, hazme saber claramente si debo dejar esta responsabilidad. Veo que mis pobres hijos tienen hambre y que yo estoy exhausta, no tengo energías para nada. Si es mejor que otra persona tome el relevo, por favor, dímelo claramente.

Esa misma noche, en medio de mi desconcierto, mi preocupación, mi incertidumbre, mi ansiedad y mi estrés, prediqué con tal fervor que yo misma me sorprendí. Entendí que el Espíritu Santo estaba haciendo una obra inmensa a nuestro favor. Prediqué sobre el cambio histórico de la observancia del sábado por el domingo y, al final, tras el llamado que hice a los presentes, se pusieron de pie ocho personas habiendo tomado la decisión de bautizarse.

Al terminar, una joven embarazada se acercó a mí para comentarme:

—Le pedí a Dios que esta noche me diera una prueba de si debía bautizarme y ser miembro de esta iglesia. Y me respondió a través de su sermón. Usted me ha hecho ver que la Biblia es demasiado clara con respecto a la ley de Dios. Ya no tengo dudas. Quiero que sepa que anduve por el mundo descarriada, con malas amistades, bebiendo alcohol y haciendo cosas peores, pero he decidido seguir a Cristo.

Tuve el privilegio de verla poco después bajar a las aguas bautismales, junto con otras siete personas más. Fue entonces cuando entendí que Dios siempre tiene el control. Así como Gedeón solicitó a Dios una prueba de que él era el elegido, yo hice mi propia solicitud a Dios, al igual que lo hizo la muchacha embarazada que decidió bautizarse. Dios nos escucha y transforma nuestra vida para que entremos a su servicio. Él quiere usarnos para llevar el evangelio a todo el mundo. ¿Quieres responder al llamado?

#MatinalDeDamas

CERO POSIBILIDADES

 

 

 

 Un martes por la noche, en mi iglesia, un joven se levantó para contar su testimonio. Pasaba con un amigo por un lugar solitario cuando dos asaltantes los ataron de pies y manos. Después, uno le ordenó al otro:

—¡Mátalos ya!

—¿Pero por qué nos van a matar? ¿Qué les hemos hecho? —quisieron saber el joven y su amigo.

  • No obtuvieron ningún tipo de respuesta, pero mientras los asaltantes debatían qué hacer, el joven y su amigo oraban sin cesar, pidiendo a Dios que los librara de aquella situación. De pronto, uno de los asaltantes gritó:

—¡Eh, viene gente! ¡Vámonos corriendo!

—Matémoslos primero —sugirió el otro.

  • —¡No, no hay tiempo! —fue la tajante respuesta.

Y así fue como, en aquel lugar apartado, vacío y silencioso, el joven y su amigo pudieron reconocer que Dios había hecho un milagro. Ellos sabían perfectamente bien que a los hombres que los habían asaltado no les temblaba el pulso a la hora de matar. Lo hacían sin piedad alguna. Pero ese día, Dios frustró sus perversas maquinaciones.

La Biblia nos habla de una ocasión en la que David, en su angustia, preguntó a Dios qué debía hacer. Dios le contestó. Inmediatamente, David se puso en camino con seiscientos hombres y llegaron al arroyo de Besor, donde se quedaron doscientos (ver 1 Sam. 30). David tuvo que continuar con solo cuatrocientos hombres, pero se sentía seguro, a pesar de que sus enemigos los amalecitas eran numerosísimos. Humanamente, había cero posibilidades de salir vivos de allí, menos aún con una victoria; no obstante, David sabía que es más poderosa la palabra de Jehová que un ejército. Y así fue.

Querida amiga, hay veces en que parece que tenemos cero posibilidades de alcanzar una victoria. Bien se trate de nuestro carácter, de nuestro matrimonio o de la relación con nuestros hijos, del trabajo, la iglesia o la salud, parece que nunca recuperaremos la paz ni el gozo de vivir. Sin embargo, no es así. Recuerda, en primer lugar, consultarle todo a Dios. No te desanimes. Dios es Dios y finalmente ejecuta sus mandatos. David confió en Dios y obtuvo la victoria. El joven de mi iglesia y su amigo confiaron en Dios y este los libró. Confía tú también; tienes motivos más que suficientes.

domingo, 27 de diciembre de 2020

DIOS NO JUZGA COMO NOSOTROS 2DA PARTE

 

 
Mientras yo lloraba, desconsolado, siguió contándome don Alfredo, se acercaron a mí niños de todos los tamaños y de todas las edades. Tenían la ropa sucia, al igual que sus caritas, y cada uno llevaba una cajita de madera como las de los limpiadores de zapatos de los parques. El mayor de ellos, de unos doce años, habló conmigo y todos hicieron silencio. ¿Qué te sucede?, me preguntó. «Que me acaban de echar de la casa», le respondí yo, inconsolable. ¡Otro más!, expresó el chicho más alto de todos. «Síguenos», añadió. Y yo los seguí.

Alfredo se fue a vivir con aquellos niños a una choza de lata y cartón. En aquel, su nuevo hogar, le enseñaron a fumar, a beber alcohol y a consumir drogas. ¡Pobre criaturita! La tragedia de este mundo es el pecado, y a Alfredo lo impactó por completo. A partir de aquel momento, para aquel hijo de la calle, la vida se convirtió en cometer delitos, uno detrás de otro. No eran muchas las opciones que tenía, pues se encontraba entre la espada y la pared.

Incluso en estos detalles de su experiencia, el caso de don Alfredo se parece al de Jefté. Tal y como menciona nuestro texto bíblico de hoy, Jefté reunió una banda de desalmados que junto con él salían a hacer correrías (Juec. 11:3). En otras palabras, Jefté se convirtió en el líder de un grupo de desocupados que salían a entretenerse en algo. Sin hogar, sin madre ni padre, sin el amor de un hermano, abandonado a su suerte, tomó un rumbo de desahogo que se puede comprender dadas las difíciles circunstancias que lo habían rodeado. Pero nuestro Dios, que no ve las cosas como las vemos nosotros, lo había elegido para una misión especial, sin tener en cuenta cómo fuera considerado por las gentes de la época. Al Señor no lo limitan nuestras limitadas, simplistas y prejuiciadas consideraciones humanas.

Querida amiga, si sientes que por tu difícil origen, por venir de un hogar disfuncional, por ser pobre, no tener estudios o considerarte inferior a otras mujeres, Dios no puede usarte, estás mirando las cosas desde un ángulo equivocado. Para Dios tú eres válida si te dejas usar por él. Da igual tu pasado. De hecho, tu pasado no determina tu presente.

#MatinalDeDamas

sábado, 26 de diciembre de 2020

DIOS NO JUZGA COMO NOSOTROS 1ERA PARTE

Don Alfredo me contaba su historia, sentado junto a mí en un banco de cemento de un parque público. El aire fresco nos rozaba la cara mientras suaves rayos de sol penetraban con disimulo entre las hojas del árbol que nos prodigaba sombra. Durante casi tres horas, pude escuchar a este hombre narrando sus tristes experiencias de infancia. Por momentos, mis lágrimas empujaban dentro de mí para encontrar salida, porque cada palabra que me contaba don Alfredo era una verdadera historia de dolor.

¡Toma tus cosas y te largas, ya no vivirás más con nosotros!, le habían dicho sus hermanos. Su madre había muerto por causa de un corte que sufrió mientras trabajaba en los cafetales. El corte era profundo y provocó una infección que terminó gangrenándose. Así que allí estaba Alfredo, en la calle y sin tener adonde ir, ¡¡¡Con apenas siete años!!! Mi hijito Hany también tenía siete años en el momento en que don Alfredo me contaba su historia. Imaginar a mi pequeño en una situación parecida era más de lo que yo podía soportar.

El pequeño Alfredo se dirigió hacia el parque central de la ciudad de San José, en Costa Rica. Allí se sentó en un banco de cemento similar al que ahora utilizábamos nosotros. Lloraba y lloraba sin saber que acabaría siendo un hijo de la calle. Una experiencia dura donde las haya, que nos insta a observar el mundo con otros ojos; a juzgar a las personas de otra manera; a valorar lo que tenemos y a compartirlo generosamente con quienes no han disfrutado nunca nuestros privilegios.

La Biblia nos habla de un personaje llamado Jefté. Al igual que le sucedió a don Alfredo, los hermanos de Jefré también echaron de la casa a Jefré y le dijeron que no heredaría nada de su padre (Juec. 11:2). Aquel jovencito, hijo de una prostituta, huyó de sus hermanos y se fue a vivir a [otra] región (vers. 3), sin saber qué sería de su vida. Se marchó sin rumbo, triste y desamparado. En aquel momento, era un hombre sin ningún prestigio social. Pero no es el prestigio social lo que le preocupa a nuestro Dios. Él observa cada situación y nos hace sentir su presencia. Y puede usar para su gloria a cualquier persona, sea cual sea su origen. Él no juzga como nosotros.

viernes, 25 de diciembre de 2020

SU ESTRELLA HEMOS VISTO

El cielo era otro el día que Jesús nació; y en el otro Cielo, ese donde habita la Divinidad, todos estaban pendientes de lo que sucedía aquí en nuestro planeta: Jesús estaba a punto de nacer. Se sabe con certeza que Jesús no nació en diciembre, a pesar de que la humanidad celebre su nacimiento en tal fecha como hoy. Pero qué importancia podría tener una fecha; lo importante es que el Hijo unigénito de Dios, aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo. Haciéndose como todos los hombres y presentándose como un hombre cualquiera, se humilló a sí mismo (Fil.2:6-8). Gracias a su humillación podemos nosotras ser salvas. Hoy es un día, como todos los demás días del año, perfecto para darle las gracias por ello.

Una estrella apareció en el firmamento aquella noche. Era la estrella del rey de los judíos, una señal en el cielo que, todo aquel que estuviera bien atento a la venida del Mesías, debió haber sabido interpretar. Una señal de que Dios no nos ha dejado solos. Cuando los sabios vieron la estrella, se alegraron mucho (Mat. 2:10). Sabemos por el relato bíblico que no todo el mundo se alegró tanto como ellos. Ni Herodes, ni muchos de los dirigentes judíos, sintieron alegría. Hoy en día sucede lo mismo. Señales de la existencia de Dios nos rodean por todas partes, pero no todo el mundo está dispuesto a verlas como tal, o a aceptarlas como un primer paso para conocer a Dios. ¿Qué haremos nosotras para ayudarlos a comprender lo que ven? ¿Tenemos el amor hacia la humanidad que hace falta para vivir de tal modo que lleve a otros a los pies de Jesús?

Con respecto a nosotras, las que somos cristianas desde hace años, muchas señales usa el Señor para indicarnos que algo no anda bien con nuestra espiritualidad; para hacernos ver que hemos perdido nuestro primer amor, que no somos frías ni calientes, sino tibias. Tenemos esa tibieza que a él tanto le desagrada. Sería conveniente que hoy nos detuviéramos a preguntarnos: ¿Estoy haciendo caso a la estrella que me guía hacia Cristo? ¿Lo he aceptado como mi Salvador personal y mi compromiso con él es absoluto?

#MatinaldeDamas

lunes, 21 de diciembre de 2020

PERDONA SIEMPRE

 


 

 Ana creció en un hogar totalmente disfuncional. Todos los días era testigo de conversaciones difíciles, palabras hirientes y groseras, malos tratos y violencia. Cada vez que su padre estaba enojado, había que esquivar los objetos que surcaban el aire y hacer oídos sordos a la frase con la que se refería a ella: La bastarda. Ni una gota de amor paternal se derramó sobre Ana en toda su vida; ni una; nunca.

¿Que dónde estaba su madre para defenderla? Trabajando a todas horas para poder pagar los estudios de Ana y de su hermano. Salía temprano de la casa y volvía ya tarde en la noche. Toda esa situación familiar hizo que Ana creciera con grandes resentimientos hacia su padre que, desde la misma juventud, quiso superar. Era consciente de que necesitaba hallar la fórmula para perdonarlo. Sin embargo, no la hallaba.

Cuando comenzó a trabajar, Ana utilizó parte de sus recursos para visitar todas las semanas a una psicóloga, aunque para ello debía viajar a un lugar distante. La psicóloga le brindó una valiosa ayuda y sabios consejos espirituales, pero aun así, Ana no era capaz de dar el salto de perdonar a su padre. Decidió simplemente seguir orando y trabajando en su personalidad, confiando en Dios.

Un día, al padre de Ana le diagnosticaron una enfermedad degenerativa, por lo que tuvo que pasar muchos años condenado a una cama. Viendo sufrir tanto a aquel hombre, Ana aprendió no solo a perdonarlo, sino también a amarlo. Pudo conocer y comprender muchas cosas de la vida de su progenitor: había sido un niño de la calle por causa de la muerte de su madre; había tenido que trabajar muy duro solo para poder comer; había desarrollado la violencia para poder asegurarse cada noche de tener un lugar donde dormir; se había refugiado en el alcohol; y quién sabe cuántas experiencias más vivió que nunca contó. Ana, finalmente, pudo perdonar por completo, sentirse libre y crecer como cristiana.

El perdón no es un sentimiento, es una decisión. Cuando decides perdonar, Dios te hace sentirte libre y te ayuda a comprender las muchas razones por las que no debemos guardar rencor. Perdonar a los que nos han ofendido nos identifica como hijas de Dios y portadoras de un increíble testimonio. Y si además de perdonar, amamos (respetamos, tratamos bien, oramos por) a la persona que nos hirió, caminamos por una senda todavía más elevada. Elijamos esta segunda opción.

#MatinalDeDamas

domingo, 20 de diciembre de 2020

DIOS PRESTA ATENCIÓN A LOS DETALLES

Graciela oró antes de salir con su familia a pasar un día en la playa. El viaje de ida fue espectacular, disfrutando del paisaje desde el auto y emocionados por la experiencia. Una vez en el mar, pasaron las horas en plena diversión, nadando, caminando por la arena, charlando, riendo, gozando del momento, hasta que el padre de Graciela preguntó: ¿Dónde está la llave del auto?. Buscó por todas partes de manera infructífera y, de pronto, recordó que las llevaba en el bolsillo del bañador cuando se había metido en el agua. Se quedó helado al darse cuenta de lo que había pasado.

Después del susto, decidieron unirse en oración. Con fe, pidieron a Dios que los ayudara a encontrar las llaves. Al finalizar la oración, se dieron a la tarea de buscarlas dentro del mar, recorriendo los lugares cercanos a donde el padre había estado nadando, Al poco tiempo, Graciela sintió en la planta de los pies algo duro. Su esposo se sumergió para ver qué era: ¡Era la llave del automóvil! ¡¡¡En la inmensidad del mar!!! El Creador de todo es más grande que las muchas aguas que nos puedan rodear. No existe situación imposible para él.

Esta experiencia nos recuerda cuánta atención presta Dios a los pequeños detalles de nuestra vida. Y traslada mi mente a otra experiencia, sucedida hace muchos siglos a Eliseo (ver 2 Rey. 6: 1-7). Un grupo de hombres estaban cortando árboles para edificar una casa cuando a uno de ellos se le cayó el hacha al fondo del agua. El hacha era prestada y el hombre no tenía dinero para comprar una nueva. Eliseo, el profeta de Dios, hizo un milagro. Aquella hacha salió flotando a la superficie. El que la había perdido, al igual que Graciela, pudo sentir en carne propia el amor de Dios, ayudándole a recuperar algo de gran valor para él.

¿Has perdido algo de valor en tu vida espiritual; algo que anhelas recobrar? Si Dios se preocupa por nuestras necesidades materiales, cuánto más es su deseo ayudarnos con nuestras luchas espirituales.

Efesios 3:20 nos recuerda que él es poderoso para hacer muchísimo más de lo que nosotros le pedimos o incluso de lo que pensamos. Su capacidad y su poder superan nuestra imaginación, A él sea la gloria y la honra por los siglos sin fin. Amén.

#MatinaldeDamas

sábado, 19 de diciembre de 2020

UNA DE LAS MAYORES BENDICIONES DE LA VIDA

Eduardo iba a viajar desde la provincia de Guanacaste a la de San José, en Costa Rica, donde se encontraría con su madre Liliana y con su abuela Emilce. El viaje estaba programado, pero las horas pasaban y Eduardo no llegaba. Emilce llamó a su hija para expresarle su preocupación:

—¿Por qué está tardando tanto Eduardo? Qué extraño que no haya avisado de que llegaría tarde! Vamos a orar en este mismo momento por él.

Ambas mujeres, cada una desde su casa, se arrodillaron para pedir al Señor que protegiera a Eduardo y le permitiera llegar con bien. A las diez de la mañana del día siguiente, Liliana recibió una llamada telefónica:

—Mami, no quiero que se preocupe, estoy bien. Tuve un accidente. Un camión golpeó mi automóvil por detrás y yo perdí el control del vehículo, que fue a estrellarse contra un autobús. Mi auto está irreconocible, pero yo me encuentro bien. Los paramédicos me observaron y me han puesto un collarín.

¿Cómo es posible que tras ser impactado por un camión para luego estrellarse contra un autobús apenas tuviera un problemita en el cuello? Después de ver las fotografías de su automóvil totalmente destrozado, no pudieron más que pensar que la oración de una madre tiene tremendo poder.

Liliana continúa orando por su hijo Eduardo, para que vuelva a la iglesia. Confía plenamente en que Dios hará otro milagro más en la vida de él, porque reconoce el poder de la oración intercesora descrito por Elena G. de White: Es imposible evaluar el poder que ejerce la influencia de una madre que ora. Ella reconoce a Dios en todos sus caminos. Lleva a sus hijos ante el trono de gracia y presentándolos a Jesús le suplica que los bendiga. La influencia de esos ruegos es para aquellos hijos una «fuente de vida». Esas oraciones, ofrecidas con fe, son el apoyo y la fuerza de la madre cristiana. Descuidar el deber de orar con nuestros hijos es perder una de las mayores bendiciones que están a nuestro alcance, uno de los mayores auxilios que podamos obtener en medio de las perplejidades, los afanes y las cargas de nuestra vida. (El hogar cristiano, cap. 45, p. 259).

Querida amiga, si eres una madre que ora y reconoce a Dios en todos sus caminos tienes en tu mano una de las mayores bendiciones de la vida.

jueves, 17 de diciembre de 2020

EN EL INFIERNILLO

 


Matan de un balazo a Macho gringo en el Infiernillo. Menores de edad trafican con droga en el Infiernillo, portando armas de nueve milímetros que usan indiscriminadamente contra la policía. Las fuerzas del orden público de Costa Rica decomisan toneladas de crack y marihuana en el Infiernillo. Dos clanes del narcotráfico se alían para tomar el control de las calles del Infiernillo. Un joven de veintitrés años muere de un balazo en el Infiernillo por invadir territorio rival … Estos y otros titulares de noticias se leen a diario en los periódicos de Costa Rica, reflejando crudamente la realidad que viven los habitantes de ese barrio de Alajuela. Barrio cerca del cual yo me encontraba un jueves de una semana cualquiera.

Me había desplazado allí con el propósito de ir a cantar en unas campañas de evangelización que se estaban celebrando en Quitirrisí. Junto con doña Mayela, una misionera, pasamos cerca del Infiernillo, las dos en mi auto, a eso de las diez de la noche. Las calles estaban vacías y el silencio era total cuando, de pronto, oímos el ruido de una motocicleta. En seguida me puse en estado de alerta.

Seguí manejando como si nada hubiera pasado, pero la moto comenzó a perseguirnos a toda velocidad, hasta que se puso a la par nuestra. ¡¡¡Nos persiguen!!!, gritamos las dos al mismo tiempo y con la misma angustia. Los minutos que siguieron se nos hicieron eternos. Con sus maniobras, aquel hombre quería obligarnos a que nos bajáramos del auto y hacía ademanes de que nos quería matar. El sudor me corría por la frente. ¡¡¡Cúbrenos, Cristo, con tu sangre!!!, grité. Me preguntaba cómo íbamos a escapar de la muerte.

Antes de que aquel hombre tuviera tiempo de descargar su arma contra nosotras, de la nada y ocupando el medio y medio de la calle, apareció un autobús enorme y poco común que se atravesó a lo ancho de la carretera, dejando apenas espacio para un auto. Sabiendo que aquel espacio era nuestra vida, me animé a escabullirme por él. La intervención divina nos proveyó tanto el autobús como la capacidad para pasar por aquel espacio. El maleante nos perdió el rastro en las sombras de la noche

Dios es quien te da fuerza; es la luz en tu oscuridad; es tu salvación. Cuando pases por tu Infiernillo particular, confía en él.

#MatinalDeDamas

martes, 15 de diciembre de 2020

EN EL CAMPO O EN LA CIUDAD

Lo único que Úrsula conocía era el campo. A pesar de tener ya treinta años, esta encantadora mujer indígena nunca había ido a la ciudad. Ahora, cargando a su bebé, observaba con ojos de asombro a un avión que pasaba increíblemente cerca de ellas. La oí exclamar en su lengua cabécar, totalmente anonadada. Señaló al gran avión que le había dejado la boca abierta y la mente admirada. La ciudad no tenía nada que ver con su montaña, donde reinaba la calma. Nunca hubiera imaginado los ruidos, el movimiento, el ajetreo, el bullicio y los impactos visuales que caracterizan la vida en la metrópoli.

Imagino también conmocionado a un hombre de hace dos mil años llamado Simón, que era de Cirene. Dice el texto bíblico que venía del campo. Y allí estaba aquel campesino, en un lugar y en un día con un bullicio, un movimiento, un ajetreo y un impacto visual que nunca hubiera imaginado. Se encontró con la muchedumbre. Oyó las burlas y palabras soeces de la turba; oyó las palabras repetidas con desprecio: «Abrid paso para el Rey de los judíos». Se detuvo asombrado ante la escena; y como expresara su compasión, se apoderaron de él y colocaron la cruz sobre sus hombros. Simón había oído hablar de Jesús. Sus hijos creían en el Salvador, pero él no era discípulo. Resultó una bendición para él llevar la cruz al Calvario y desde entonces estuvo siempre gradecido por esta providencia. Ella lo indujo a tomar sobre sí la cruz de Cristo por su propia voluntad y a estar siempre alegremente bajo su carga. (El Deseado de todas las gentes, cap. 78, p. 704).

¿Por qué no fue encomendada esta misión de llevar la cruz a un discípulo que conociera bien al Maestro? ¿Por qué le tocó a Simón? Porque Dios nos busca allí donde estamos, para llevarnos a comprender el plan de la salvación y a aceptar a Cristo como nuestro salvador personal. Da igual si vives en el campo, si eres de la ciudad, si en tu casa no hay señal de Internet o no tienes celular… Dios te busca ahí donde estás. Y tú sabrás, al igual que Simón, al igual que Úrsula, que el Señor está muy cerca de ti, dirigiendo tu vida.

#MatinalDeDamas