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martes, 12 de enero de 2021

DILIGENTES Y PERSEVERANTES

 

 
Aquel ataque terrorista destruyó casi por completo el edificio y terminó con la vida de casi un centenar de personas. Recuerdo que nos acercamos con un grupo de voluntarios para ofrecer ayuda a quienes estaban removiendo escombros, con la esperanza de encontrar con vida y rescatar a las personas. Recuerdo el ir y venir de un joven. Me acerqué a él y me dijo que su esposa estaba debajo de los escombros. Estaba angustiado porque ya habían pasado trece horas del atentado, y la esperanza de rescate se desvanecía.

Por otro lado, los especialistas y el equipo de rescatistas trabajaban con toda diligencia, sin pausa y con prisa, con responsabilidad, con esfuerzo y con compromiso. Así, fueron rescatadas varias vidas.

Pablo visitó a los creyentes de Berea y, al compararlos con los de Tesalónica, dijo que eran más nobles que ellos. Es decir, eran distintivos, leales y generosos porque recibieron el mensaje sin prejuicios, y escudriñaban, profundizaban, investigaban y comparaban por sus propios medios la palabra escuchada de Pablo con la Palabra escrita. Los bereanos fueron instruidos por la Palabra y fortalecidos por la Palabra. Estudiaban las Escrituras con toda solicitud, con diligencia y con el intenso anhelo de obtener más conocimiento. El diccionario define «diligencia» como cuidado, prontitud, agilidad, prisa, solicitud, disposición, eficiencia y búsqueda incesante hasta alcanzar el objetivo. «Si deseas que tu esperanza de salvación crezca en fortaleza y solidez, estudia con diligencia la Palabra de Dios. El cristiano es concebido por la Palabra y debe alimentarse de ella», expresó William Gurnal.

En un tiempo de superficialidad y de falta de profundidad, cada vez se piensa, se reflexiona y se medita menos. Por eso, como los bereanos, debemos ser perseverantes en el estudio de la Biblia, y debemos hacerlo cada día.

«El estudio de la Biblia requiere nuestro más diligente esfuerzo y nuestra más perseverante meditación. Con el mismo afán y la misma persistencia con que el minero excava la tierra en busca del tesoro, debemos buscar nosotros el tesoro de la Palabra de Dios» (Elena de White, La educación, p. 170).

 Como aquellos voluntarios que buscaban vida en la profundidad de los escombrosnecesitamos un compromiso mayor con el estudio de la Palabra. Seamos diligentes y perseverantes en su estudio y en su aplicación.

#MatinalDeAdultos

¿QUE SIGNIFICA CREER?


EI enemigo quiso acallar la voz de los predicadores, y envió a Pablo y a Silas a la cárcel. Dios podía haberlo impedido, pero lo permitió para cumplir propósitos que iban más allá de lo visible. Los misioneros confiaron porque sabían que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan para bien.

El carcelero tenía la orden de mantener bajo suprema vigilancia a esos dos presos especiales, y tomó todos los recaudos necesarios. Pablo y Silas fueron azotados y encarcelados en las peores celdas, en el fondo, en un lugar oscuro, con escaso aire y con ajustados cepos que atrapaban sus pies. De repente, sucedió lo inesperado: la tierra se movió. El carcelero presupone que ese es su fin, y saca su espada y decide matarse. Después de todo, la única razón y misión de su función era mantener a los presos a salvo, es decir, presos. Cuando Pablo le dice que nadie se escapó y que todos estaban ahí, él percibe que Alguien más está detrás de toda esta historia, y entonces pregunta qué debe hacer para ser salvo.

Él estaba totalmente confundido. Nunca antes había visto ni escuchado a presos cantar y alabar a Dios en paz. No era muy lógico. Más que presos parecían ángeles. Es evidente que el enemigo quiso desanimar a los predicadores, pero aún presos ellos seguían animados, orando, cantando y testificando. «Aunque el cuerpo está encarcelado, aunque la carne está en prisión, todas las cosas están abiertas al espíritu. La pierna no siente la cadena cuando la mente está en el Cielo», declaró Tertuliano.

El enemigo puso cárceles y custodios para evitar la predicación, y la cárcel fue abierta; y los custodios y sus familias, convertidos y bautizados. Un terremoto termina en fiesta, en la que se celebra la nueva vida.

Para ser salvo, solo había que creer. ¿Qué significa eso realmente? Creer es reconocer nuestra total insuficiencia y aceptar y confiar en la suficiencia de Dios. Es reconocer nuestra absoluta indignidad, mientras aceptamos la total dignidad del Señor para salvarnos. Es reconocer que es nuestra independencia lo que nos lleva a la muerte, y que es la dependencia permanente de Jesús lo que nos lleva vida.

Que esta pueda ser hoy tu oración: «Señor, dejo de lado mi insuficiencia, mi indignidad e imposibilidad. Ayúdame a depender permanentemente de ti y que, sin importar las circunstancias que tenga que enfrentar, viva una vida de oración y estudio de tu Palabra todos los días».

#MatinalDeAdultos

lunes, 11 de enero de 2021

¿PASAR O POSAR?

 

En Filipos no había creyentes suficientes para organizar una sinagoga. Se necesitaban diez jefes de familia para que eso ocurriera. Entonces, cuando eso sucedió, un grupo de oración al aire libre, cerca de un río, congregaba a los pocos creyentes.

Lidia, original de Tiatira, era vendedora de púrpura. Los tejidos de púrpura eran raros y costosos; por lo tanto, eran utilizados por personas de la realeza y por los ricos. Era un negocio sumamente lucrativo. La casa de Lidia era muy amplia, con lugar suficiente para albergar creyentes y cobijar una naciente iglesia. Antes de abrir su casa a la difusión del evangelio, abrió su corazón, recibió el mensaje, fue bautizada y se constituyó en una adoradora de Dios. Ella pidió que tanto Dios como el mensaje quedaran en su casa, en su familia… y en su vida. No le interesa al Señor, y no nos sirve a nosotros, que él tan solo pase por nuestra casa o nuestra vida; necesitamos que él pose, que permanezca para siempre.

Mientras tanto, una joven esclava, que tenía espíritu de adivinación y que producía un gran negocio para sus dueños, salió al encuentro de Pablo con alaridos estruendosos, que la gente consideraba como oráculos divinos. Los dueños de esta esclava habían descubierto el extraño poder, y lo estaban explotando para su propio beneficio. La muchacha interrumpía el caminar misionero de los apóstoles. Aun poseída por el demonio, gritaba animando al pueblo a seguir la enseñanza apostólica presentada por los siervos del Altísimo, un Dios más alto que Zeus, el dios más supremo que ellos tenían.

Los siervos de Dios, en el nombre del Altísimo, liberaron a aquella mujer de la presencia del demonio, y abrieron para ella una nueva vida. Esto generó bendición para la mujer y una fuerte oposición para los misioneros, porque no solo afectaron el negocio de aquellos dueños sino también los del mismo enemigo de Dios.

Para Dios no hay primeros ni últimos. Tanto para la acaudalada empresaria como para la joven esclava, existen los mismos ofrecimientos y oportunidades de salvación; como así también el mismo escozor en las huestes del mal.

«Por los esfuerzos de Satanás para destruirla, la simiente incorruptible de la Palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre, se esparce en los corazones de los hombres; por el oprobio y la persecución que sufren sus hijos, el nombre de Cristo es engrandecido y se redimen las almas» (Elena de White, El discurso maestro de Jesucristo, p. 32).

Renueva ahora tu compromiso de fidelidad con Jesús y con su Palabra. No pases de largo. ¡Quédate con él!

#MatinalDeAdultos

sábado, 9 de enero de 2021

LLENOS DE GOZO

Es posible en la época en que vivimos hablar, escribir y  sobre todo experimentar una vida de pleno gozo? ¿Cómo mantenernos gozosos en medio de tantas angustias e incertidumbres? Pocos han sufrido tanto en la vida como el apóstol Pablo; sin embargo, es él mismo el que dice que estaba lleno de gozo. Este es un concepto que él presenta en sus escritos de manera reiterada.

El diccionario define «gozo» como una emoción intensa y placentera causada por algo que gusta mucho. En la Biblia se nos explica que el pecado, es decir, la separación de Dios, es la causa de la falta de gozo. En realidad, el pecado promete gozo, pero siempre produce tristeza. El gozo que ofrece es superficial, aparente y pasajero.

En la Biblia, el gozo no es placer, ni entusiasmo, ni júbilo ni risa. Gozo es un profundo sentimiento que viene como resultado de sentir la aprobación de nuestro actuar por parte de Dios. Gozo es la seguridad de saberse en los caminos y en la voluntad de Dios, independientemente de toda situación o adversidad que debamos enfrentar.

Contrariamente a la idea generalizada que lleva a pensar que es haciendo lo que me gusta (es decir, lo que yo quiero) como encuentro el pleno gozo, en la Biblia, el verdadero y completo gozo solo es posible en la presencia de Dios. Él es el Dios del gozo, y nos lo concede como un regalo, como un don, una dádiva, y como un fruto del Espíritu. Si es un fruto, entonces es un resultado, es decir, una consecuencia. Es el resultado de confiar y obedecer la Palabra de Dios. Es el resultado de saber que Dios está actuando para cumplir su propósito, aun en las circunstancias más difíciles.

El gozo es también un don que debe ser compartido. El pastor que encuentra a su oveja y la mujer que halla su moneda comparten su gozo con sus vecinos, en tanto los ángeles del cielo se regocijan por un pecador que se arrepiente.

«Porque separados de mí nada podéis hacer. Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Solo estando en comunión con él diariamente y permaneciendo en él cada hora es cómo hemos de crecer en la gracia. Él no es solamente el autor de nuestra fe sino también su consumador. Ocupa el primer lugar, el último y todo otro lugar. Estará con nosotros, no solo al principio y al fin de nuestra carrera, sino en cada paso del camino» (Elena de White, El camino a Cristo, p. 69).

#MatinalDeAdultos

jueves, 7 de enero de 2021

¿QUÉ ES LO QUE USTED VE?

 

 
Jorge navegaba su propio velero pequeño con Mirta, su esposa. Su sueño era navegar el Río de la Plata y el Océano Atlántico para llegar al famoso puerto de Punta del Este, Uruguay. Había planificado entrar en el puerto ese mediodía, en un horario de buena visibilidad. Unas seis horas antes del arribo se desató una fuerte tormenta, con vientos de frente y olas que alcanzaban los seis metros. Era su primer viaje en el océano. No tenía GPS, solo contaba con una carta náutica. Ya era casi medianoche, la visibilidad era casi nula, y la incertidumbre y el peligro iban en aumento.

En cada puerto se señaliza el canal de acceso con boyas luminosas verdes que se dejan ver a la derecha (estribor), y boyas con luces rojas que se dejan ver a la izquierda de la embarcación (babor). Las luces de la ciudad lo confundían. Se conectó con la torre de control con un grito desesperado: «Aquí, embarcación… ¡Por favor! ¡Ayuda!» Recibió una clara respuesta: «¿Qué es lo que usted ve?» Ante las respuestas del navegante, el operario de la torre respondió: «Tranquilo, lo llevaremos al puerto». Y así, guiado, pudo dejar atrás los peligros de la noche y la tormenta, y arribar con seguridad al muelle.

Pablo tenía limitaciones en su visión física, pero sus ojos espirituales y misioneros ya habían sido abiertos por el Señor. Cuando muchos judíos rechazaron el mensaje de Pablo porque no se consideraban dignos de la vida eterna, los gentiles fueron alcanzados por la predicación. Entonces él aceptó el mandato del Señor de ser luz para los gentiles, a fin de que la salvación pudiera llegar hasta lo último de la Tierra, porque para Dios no hay últimos de la fila. Cuando estos oyeron, se regocijaron y celebraron la Palabra de Dios. Sus vidas oscuras encontraron luz, sus ojos cerrados fueron abiertos. Escucharon, aceptaron, practicaron y compartieron la Palabra.

Como Jorge y como Pablo, nosotros también navegamos en una noche oscura y tormentosa. Las luces de la ciudad pueden parecer encantadoras, pero nos confunden y distraen. Nuestra única salvaguardia es llegar al Puerto seguro. «¿Qué es lo que usted ve?» Solo hay un canal de acceso al Puerto. La voz de la torre de control es amorosa, clara y poderosa. Las luces de la Escritura marcan el sendero. Necesitamos humildad para escuchar y seguir las orientaciones.

«Solo los que hayan fortalecido su espíritu con las verdades de la Biblia podrán resistir en el último gran conflicto» (Elena de White, Consejos para la iglesia, p. 76).

Abre la Biblia y escucha la voz de Dios. Él te dice: «Tranquilote llevaré al Puerto».

#MatinalDeAdultos

Ml PRIMER SERMÓN

 


   Tenía trece años cuando la bendición y la misericordia de Dios, y la osadía y el apoyo de mis pastores, me llevaron a predicar mi primer sermón. Fue en un Culto de Oración, en la Iglesia Adventista de Lomas de Zamora, Buenos Aires. Aún conservo el manuscrito a mano del bosquejo sobre Josué 1:9. Recuerdo el contraste, porque, mientras por un lado estaba nervioso y temblando, por el otro intenté comunicar a la iglesia las alentadoras palabras de Josué: «No temas ni desmayes».

¿Saben? Mi sermón terminó antes del tiempo estipulado, por una combinación de nervios y emoción debida al tremendo privilegio de invitar a la iglesia a confiar en las promesas de aquel que está siempre a nuestro lado.

De los treinta sermones que se registran en el libro de Hechos, once corresponden a San Pablo. Así, en Hechos 13:15 al 52 se registra el primer y más extenso sermón del apóstol recientemente convertido. Si lo leemos, notamos que es como una mezcla del sermón de Pedro (Hech. 2:14—39) y el de Esteban (7:2—53); y el único predicado en una sinagoga. Con notable sabiduría, Pablo presenta un bosquejo de la historia de Israel hasta David, desde los tiempos de David hasta Jesús, y concluye su mensaje con una amorosa invitación y una clara advertencia.

En su primer sermón, Pablo presenta a Jesús, cuya venida había sido profetizada por la Escritura. No obstante, los estudiosos, lejos de ver en él el cumplimiento de la profecía, terminaron siendo instrumentos para llevar a Cristo a la misma muerte. Desde luego que su muerte y su resurrección también se efectuaron con el fin de cumplir la profecía y la promesa de salvación. La muerte y la resurrección de Cristo son el asunto central en el primer sermón de Pablo, pues solo así el perdón y la vida son ofrecidos a todo pecador, que por intermedio de la fe recibe y acepta la gracia de Dios.

El sermón termina con una invitación y una advertencia. Siempre Dios nos concede el derecho a la elección, sin dejar de mostrarnos las consecuencias dispares de nuestra elección. Podemos elegir los actos, pero no las consecuencias. Podemos elegir la semilla, pero no los frutos. No podemos sembrar espinos y esperar cosechar flores. Quien siembra un acto cosecha un hábito; y quien siembra hábitos cosecha un carácter.

Según M. Henry, «cuanto mayores sean los privilegios que disfrutemos, tanto más intolerable será la condenación en que hemos de incurrir si no recibimos con fe y correspondemos con obediencia a la gracia que tales privilegios comportan«. Seamos agradecidos por las bendiciones recibidas y actuemos en consecuencia.

#MatinalDeAdultos

martes, 5 de enero de 2021

SUBLIME GRACIA

 

 
En Antioquía de Pisidia, Pablo fue a la sinagoga en sábado, a adorar a Dios como Creador y a predicar. En este primer sermón, él destaca tres grandes temas.

En primer lugar, la omnipresencia de Dios: él está en todo lugar. El Dios de su mensaje está en todas partes y tiene acceso a todos los sitios.

En segundo lugar, la soberanía de Dios: él está sobre todo y sobre todos. En su sermón, se destacan los verbos «escoger», «enaltecer», «sacar», «soportar», «dar», «levantar», «temer» y «conocer». Estos son verbos que muestran el propósito específico de la soberanía de Dios a través de los tiempos y las personas. Incluso, la misma presencia de Pablo entre ellos era resultado de la voluntad y los planes de Dios. La soberanía de Dios parece ser contraria a la libertad de elección; sin embargo, ni la soberanía de Dios suprime nuestra libertad, ni nuestra elección puede eludir esa soberanía divina.

En tercer lugar, la gracia de Dios: él nos ama. Pablo muestra un Dios bondadoso, cercano, presente, que siempre busca ayudar, acompañar, salvar y restaurar; a pesar de la reiterada inestabilidad y rechazo de su pueblo.

John Newton era un capitán de barco. Era un hombre vulgar, tosco, blasfemo y arrogante. Miembro de la Marina Real Inglesa, se dedicaba al comercio de esclavos en las costas de Sudáfrica. Cierta noche, una tormenta abatió terriblemente su embarcación, tanto, que el miedo lo llevó a pedir a Dios un poco de misericordia. Este fue el origen de su conversión al cristianismo, y tiempo después, abandonó el comercio de esclavos y estudió Teología. En 1764 fue ordenado como ministro en la Iglesia de Inglaterra y empezó a componer himnos, junto con el poeta William Cowper. Como testimonio de su conversión, escribió el conocido himno «Sublime gracia»:

Sublime gracia del Señor, a un pecador salvó.

Fui ciego, mas hoy veo yoperdido, y él me amó.

En los peligros o aflicción, que yo he tenido aquíSu gracia siempre me libró, y me guiará feliz.

Su gracia me enseñó a temer; mis dudasahuyentó.

Oh, cuán precioso fue a mi ser, al dar mi corazón.

Y, cuando en Sion por siglos mil, brillando esté cual sol, Yo cantaré por siempre allísu amor que me salvó.

¡Qué bueno es saber que Pablo presentó en aquel sermón a un Dios siempre presentesoberano, y que  te ama como si fuera lo único que tuviera que atender en todo el Universo! Ese mismo Dios es quien hoy está esperando a que respondas a su sublime gracia.

 #MatinalDeAdultos

lunes, 4 de enero de 2021

Una Mano Extendida

 
No hay obra de arte mayor ni mecanismo más ingenioso que la simple mano del hombre. Diseñada por el gran Diseñador, Isaac Newton, erudito y matemático y uno de los científicos más destacados de la historia, llegó a exclamar: «Ausentes otras pruebas, me bastaría el pulgar para convencerme de la existencia de Dios».

La mano humana, maravilla de diseño y de ingeniería, se compone de 29 huesos, 29 articulaciones, más de 100 ligamentos, 35 músculos, y un sinnúmero de nervios y arterias. Solamente para controlar el pulgar, necesitamos nueve músculos y el esfuerzo conjunto de tres nervios principales de la mano. La capacidad de la mano humana es impresionante: fuerza, flexibilidad, destreza, resistencia y control motor refinado. La punta del dedo es un instrumento sensorial dotado de una increíble capacidad para detectar, y lo hace con un grado de sensibilidad que la ingeniería humana apenas si empieza a emular con la disciplina de la robótica.

Sí maravillosas nos parecen las obras de nuestras manos, qué decir de las manos de Dios. La Biblia utiliza expresivas figuras materiales para ilustrar ideas morales y espirituales. En toda la Escritura, incluso en los dichos de Pablo, las manos son un símbolo del amor, la sabiduría y el poder de Dios (en el caso de esta historia, para reprender a Barjesús -o Elimas—, un falso profeta).

La mano de Dios es poderosa: su mano sembró de estrellas los cielos, que siguen fielmente su órbita determinada.

La mano de Dios es sabia: su diestra hace maravillas; qué decir del átomo o, simplemente, de un copo de nieve. Bien decía Luis Pasteur: «Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia nos devuelve a él». Admiramos una computadora y un teléfono inteligente; entonces, ¡Imagina el cerebro humano!

La mano de Dios es suave: como la mano experta de un médico que usa el bisturí de manera milimétrica y experta.

La mano de Dios es protectora: nos ha creado, nos cuida, nos moldea y también nos guarda.

La mano de Dios es justa: a su debido tiempo, coloca cada cosa en su lugar. La mano de Dios puede ser resistida: porque Dios nos hizo libres para decidir. Y, si hacemos una mala elección, viene a nuestro auxilio (si se lo pedimos) para transformar nuestro carácter a su imagen.

He tenido el privilegio de estrechar las manos de autoridades y presidentes, pero nada más honroso que el Rey del Universo te extienda su mano, esa mano poderosa, sabia, suave, protectora, justa y respetuosa.

Esas mismas manos que fueron clavadas en la Cruz se extienden para abrazarnos y guiarnos. La mano del Señor esta siempre extendida, solo se necesita que la tomes.

#MatinalDeAdultos

 

martes, 29 de diciembre de 2020

LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN

 

 
En un estudio realizado por investigadores de la Universidad Cardiff (Reino Unido) y la Universidad de Notre Dame (EE. UU.) se evaluaron las relaciones entre el conflicto conyugal y la seguridad emocional de los hijos en ciento ochenta y un familias, con hijos de entre once y doce años. El estudio mostró que la seguridad emocional de los niños se ve afectada significativamente por el conflicto interparental y puede asociarse a su vez con síntomas de angustia psicológica que perduran en el tiempo. Investigaciones posteriores agregan que los problemas presentados en la infancia relacionados con la falta de seguridad emocional se profundizan, por lo general, al llegar a la adolescencia. Aunque tales estudios no han examinado cuáles son los factores protectores que evitarían el desarrollo de consecuencias negativas, lo claro es que la seguridad emocional resulta imprescindible para el desarrollo saludable del ser humano.

Desde un punto de vista espiritual, podríamos decir que la seguridad de la salvación ocupa un lugar primordial en el crecimiento de todo cristiano. Con el fin de dar seguridad a sus amados, las Escrituras describen el inmenso amor de Cristo al dar su vida por el pecador. El amor incomparable de Cristo, revelado en su vida y en su muerte, es lo que asegura la salvación a todo aquel que cree. Jesús, el buen Pastor, que da su vida por las ovejas dio: «Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano» Juan 1O: 28).

No obstante, «nunca debemos descansar satisfechos de nuestra condición y cesar de progresar diciendo: «Estoy salvado». Cuando se fomenta esta idea, cesan de existir los motivos para velar, para orar, para realizar fervientes esfuerzos a fin de avanzar hacia logros más elevados. Ninguna lengua santificada pronunciará esas palabras hasta que venga Cristo y entremos por las puertas de la ciudad de Dios. Entonces, con plena razón, podremos dar gloria a Dios y al Cordero por la liberación eterna. Mientras el hombre esté lleno de debilidades —pues por sí mismo no puede salvar su alma—, nunca debería atreverse a decir: «Soy salvo » (Mensajes selectos, t. l, p. 369). Nuestra única seguridad está en desconfiar constantemente de nosotros mismos y confiar en Cristo.

Porque un crecimiento saludable solo es posible en la medida que existe seguridad, te animamos a buscar la seguridad de la salvación en la persona de Cristo.

En este día, recuerda que «no es lo que hacemos, sino con quién estamos, lo que hace la diferencia».

#MatinalDeAdultos

EL FIN VIENE

 

EI divino plan de redención contempló el fin del mundo de pecado desde la misma entrada del mal en el Edén. El tiempo ha transcurrido, pero en el reloj del universo todo tiene su hora y, a su tiempo, el fin acontecerá. Aunque el día y la hora es conocida solo por Dios (Mateo 24: 36, el Señor Jesús enseñó a identificar las señales que anuncian su venida. «Habrá grandes terremotos, en diferentes lugares, hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo» (Lucas 21: 10-11). «Cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas» (Marcos 13:28-29). Otros pasajes en las Escrituras describen las señales que se manifestarán en la naturaleza, la religión y la sociedad (2 Timoteo 3:1-4).

La mayoría de las señales descritas se vienen sucediendo de manera gradual en las últimas décadas; su crecimiento es proporcional, no solo al cambio climático, sino también al rechazo de los mandamientos de Dios por parte de la humanidad. Mientras el mundo menosprecia los preceptos divinos, va alejando las bendiciones del cielo de la tierra y se va retirando de su círculo protector. Aun así, junto con las calamidades se ha manifestado también misericordia, así que todavía es posible buscar la protección de Dios.

El libro del Apocalipsis registra que, hacia el final de la historia de la humanidad, las copas de la ira de Dios serán derramadas sobre un mundo rebelde que despreció de manera continua al Salvador y sus mandamientos. Cuando esto ocurra, habrá un pueblo que será protegido de manera especial. Serán aquellos que tengan el sello de Dios en sus frentes (Apocalipsis 7: 3; 9: , los que guarden sus mandamientos y tengan el testimonio de Jesucristo (Apocalipsis 19: 17). Son los mismos que sufren y claman por los hechos deplorables que se hacen dentro de la iglesia y están dispuestos a llamar al pecado por su nombre (Ezequiel 9: 4).

El fin viene y se acerca a paso firme. Patriarcas, profetas y apóstoles, a quienes fueron reveladas las impresionantes escenas del fin, anhelaron ser testigos de su cumplimiento. Quienes vivimos en este momento especial de la historia podemos erguirnos y levantar cabeza, confiando que nuestra redención está cerca (Lucas 21: 28). Podemos esperar la protección del cielo colocándonos bajo su círculo protector.

#MatinalDeAdultos

domingo, 27 de diciembre de 2020

LA NAVE

 

Un viento huracanado dejó a los navegantes completamente desorientados en medio del mar Mediterráneo. Para controlar la situación, arriaron velas, aseguraron el bote salvavidas y arrojaron al agua una gran cantidad de enseres para aligerar la carga. Ni la pericia de los expertos, ni el empeño de los marineros fueron suficientes para controlar la tempestad; y finalmente, resignados, quedaron a la deriva. Pasaron varios días en oscuridad y la desesperanza fue tan grande que ni siquiera tenían ganas de comer. A pesar de ello, el apóstol Pablo exhortó a los tripulantes de la embarcación a confiar en Dios y tener buen ánimo. ¿Cómo se puede tener buen ánimo cuando aparentemente todo va hacia la ruina? «Pues esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, y me ha dicho: «Pablo, no temas […] Dios te ha concedido todos los que navegan contigo«» (vers. 23-24). La tormenta seguía igual y el mar seguía embravecido, pero la esperanza en que Dios cumpliría su promesa de salvarlos dio ánimo y fortaleza a los que estaban a punto de naufragar. De esta manera, dejaron el ayuno a un lado y esperaron en la nave hasta el momento de encallar.

En sentido figurado, también nosotros atravesamos distintas tormentas. Hay grandes dificultades que nos toman por sorpresa y, aunque tratamos de enfrentarlas con valor, los esfuerzos se tornan insuficientes y la pericia de los expertos limitada para recobrar la calma y estar tranquilos. A veces, el desánimo agrava la situación y la desesperanza quita el deseo de satisfacer hasta las necesidades mínimas: el sueño se adquiere con dificultad y el alimento pasa a un segundo plano. Aun así, es posible renovar las fuerzas y recobrar el ánimo, confiando en que Dios dará salvación. «Os salvaré y seréis bendición. ¡No temáis! ¡Cobrad ánimo!>> (Zacarías 8: 13), dice el Señor.

Aunque la tormenta se extienda más de lo esperable, ¡ten ánimo! ¡No tengas miedo! Tienes una promesa de salvación que te ayudará a soportar las pruebas.

Los tripulantes de la nave debían permanecer abordo para que esta promesa fuese efectiva. Para ti y para mí, esa nave es Cristo. El Señor dijo: «Permaneced en mí (…) Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Juan 15: 4, 9-10).

¿Estás atravesando una gran tormenta? ¡Ten ánimo! Dios ha prometido su salvación. Mientras tanto, permanece en Cristo, guardando sus mandamientos, pues es el modo indicado para permanecer en su amor.

#MatinalDeAdultos

viernes, 25 de diciembre de 2020

EL DIOS DE MI SALVACIÓN

Habacuc se sentía decepcionado y no titubeó en presentar su queja ante Dios: «¿Hasta cuándo, Jehová, gritaré sin que tú escuches, ¿y clamaré a causa de la violencia sin que tú salves? ¿Por qué me haces ver iniquidad y haces que vea tanta maldad? Ante mí solo hay destrucción y violencia; pleito y contienda se levantan. Por eso la se debilita el juicio no se ajusta a la verdad; el impío asedia al justo, y así se tuerce justicia» Habacuc I: 2-4). Claramente la queja el profeta se dirige a Dios, a quien consideraba tan limpio y justo como para no ver la maldad ni intervenir para evitarla (vers. 13).

No obstante, Dios responde a las quejas de Habacuc y le asegura que él no es indiferente a la injusticia de los malos ni al sufrimiento de sus hijos. A través de una serie de preguntas trata de hacerlo reflexionar y busca reorientar su mirada desde sus preocupaciones presentes hacia el juicio venidero. Y entre sus argumentos subraya que” el justo vivirá por la fe “(Habacuc 2:4).

Es interesante notar que, luego de la respuesta divina, el profeta manifiesta un verdadero cambio. Ya no tiene ojos para la violencia, pues fija la mirada en las manos de Dios, donde —dice— «está escondido su poder» (Habacuc 3: 4). Habacuc entiende que las marcas en las manos de Cristo son la evidencia de su gran amor, la mayor prueba de su solicitud por la raza humana y la garantía de su salvación. Ante esta nueva perspectiva logra expresar una de las frases más optimistas de la Biblia: «Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales…». En otras palabras, ¡aunque todo absolutamente me vaya mal! con todo… seguiré teniendo fe y me alegraré en el Dios de mi salvación.

El Dios de mi salvación está totalmente comprometido en todo lo que me sucede. Él me busca para dar un giro a mis pensamientos y me da fuerzas para vencer por la fe. Por eso, puedo alegrarme en su salvación, aunque las cosas no ocurran como yo lo desee.

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UN DÍA PARA RECORDAR

Para la mayoría de los cristianos, la Navidad es fuente de regocijo. La observancia del 25 de diciembre, como celebración del nacimiento de Jesús, se ha hecho una costumbre popular, desde el siglo IV de nuestra era. Especialmente durante la festividad tenemos la oportunidad de meditar en el nacimiento de Cristo. ¿Y cómo no ser fuente de regocijo si en las colinas de Belén los ángeles anunciaron una noticia extraordinaria? «Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lucas 2: l l). ¡Qué regalo inigualable nos ha dado Dios! También nosotros solemos entregarnos regalos unos a otros en esta fecha, como señal de cariño y aprecio. ¡Y qué maravillosa oportunidad para ofrecer nuestros mejores regalos a Dios en la figura de los pobres y dolientes!

No obstante, para muchos, la Navidad constituye una ocasión de diversión, glotonería y despilfarro, así que rara vez se recuerda lo que Dios ha hecho en nuestro favor. Por alguna razón, en su inmensa sabiduría, Dios no quiso revelar el día exacto del nacimiento de Cristo y prefirió dejar algo mejor para recordar su infinito amor. En lugar de un día de celebración al año, ha establecido un día de descanso y adoración semanal. Ese día debiera ser de gozo y felicidad (Isaías 58: 13). El sábado fue apartado la misma semana de la Creación para gozar de la comunión con Dios (Génesis 2: 3). Los israelitas lo guardaron durante su peregrinaje en el desierto (Éxodo 16: 23). Su observancia ha sido ordenada a través de los Diez Mandamientos, los cuales fueron escritos en piedra con el dedo de Dios (Éxodo 31: 18). Jesús enseñó cómo observar el sábado, dedicando sus horas santas a hacer el bien al prójimo y a adorar a Dios (Mateo 12). Los apóstoles continuaron guardando el sábado luego de la ascensión de Cristo (Hechos 13: 42-44). Y a nosotros nos dice: «Santificad mis sábados, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová, vuestro Dios» (Ezequiel 20: 20).

¿Has tenido la oportunidad de adorar a Dios en el día que él ordenó ? En este día te invitamos a hacer planes para hacerlo, como una señal de reverencia y amor por el Creador (Éxodo 20: 11); y sobre todas las cosas, en memoria de haber sido librados de toda opresión (Deuteronomio 5: 15).

Recuerda que en la Tierra Nueva «de sábado en sábado» seguiremos adorando a Dios (Isaías 66:23).

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lunes, 21 de diciembre de 2020

NO MÁS MUERTE

 

 
Uno de los momentos más difíciles en la vida de una persona es la pérdida de un ser querido, e incluso la inminencia de la propia muerte. Muchas personas agravan sus sufrimientos en tales situaciones, mientras que otras logran sobrellevar el dolor con serenidad. ¿Qué factores pueden marcar la diferencia?

Un estudio científico dirigido por la investigadora Eunjeong Ko, de la Universidad Estatal de San Diego (California, EE. UU.), exploró los factores involucrados en una «buena» o una «mala» muerte en veintiún adultos mayores carentes de hogar. Los participantes fueron consultados en relación a diferentes temas relacionados con el bienestar físico, emocional, social y espiritual. Los resultados revelaron que entre los principales factores asociados con una buena muerte se encuentran: (a) el morir de manera pacífica (morir en el sueño); (b) experimentar una conexión espiritual significativa (a través de una relación personal con Dios, por ejemplo); y (c) haber hecho las paces con personas significativas (resolver conflictos familiares, perdonar a amigos, etc.).

Es interesante notar que los mismos elementos han sido considerados por un Dios misericordioso para ayudarnos a enfrentar la muerte pacíficamente. Según lo manifestó Jesús, es posible equiparar la muerte con el sueño (Juan ll: 10-14). Las Sagradas Escrituras revelan que se trata de un sueño en el que no hay conciencia ni memoria ni emociones ni acciones. «Los muertos nada saben […] su memoria cae en el olvido. También perecen su amor, su odio y su envidia; y ya nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol» (Eclesiastés 9: 5-6). «En la muerte no hay memoria de ti; en el seol, ¿Quién te alabará?>> (Salmo 6: 5). «No alabarán los muertos a Jah, ni cuantos descienden al (Salmo 115: 17). Por otro lado, mantener una relación personal con Dios y perdonar a sus perseguidores ayudó a Esteban, uno de los primeros diáconos de la era apostólica, a enfrentar con paz incluso una muerte violenta (Hechos 7: 55-59).

Más allá de la muerte, la Biblia engrandece a Jesucristo como Aquel que estuvo muerto, resucitó y tiene poder para resucitar a todo aquel que en él cree (Juan 3: 16; Romanos 14: 9; Apocalipsis 1: 18). El apóstol Pablo enfatizó que «los muertos en Cristo resucitarán primero>> (1 Tesalonicenses 4: 16). Finalmente, el discípulo amado recuerda que en la Tierra Nueva no habrá más muerte ni llanto ni clamor ni dolor. Abracemos esta bendita promesa en el día de hoy.

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domingo, 20 de diciembre de 2020

ETERNAMENTE SALVO

Eran las tres de la madrugada cuando Carlos se encontraba en medio de la carretera, esperando que algún vehículo lo llevara. Hacía frío y una débil lluvia mojaba su chaqueta. El pavimento negro combinaba con la noche oscura, mientras que unas débiles luces permitían vislumbrar el entorno. A pocos metros, un canal insignificante repleto de deshechos albergaba insectos y roedores. Unos sauces llorones derramaban sus ramas tristes a los lados del camino. Cerca de allí, una fábrica expulsaba generosamente su humo a cientos de metros y el motor de un camión completaba la música de fondo. Pero Carlos no estaba triste ante este lúgubre escenario. Su mente ágil y entusiasta no hacía más que pensar en lo que, confiado en las promesas divinas, pronto gozaría. En vez de asfalto negro, recorrería una calle de oro (Apocalipsis 21: 21). Un río de aguas cristalinas, provenientes del trono de Dios, prodigaría el agua de vida (Apocalipsis 22: l); y a sus lados, el árbol de la vida dando su fruto para la sanidad de las naciones (vers. 2). Nunca más vería la noche, porque Dios mismo lo iluminaría, y reinaría con él por toda la eternidad (vers. 5).

¿Será verdad lo que imaginó? ¿Crees en ello? Si bien Dios nos anima a vivir por fe, también nos exhorta a utilizar el razonamiento, con el fin de tomar las mejores decisiones. En este sentido, podemos decir que, básicamente, existen dos opciones lógicamente posibles en relación con Dios (y la Tierra Nueva): es verdad o no lo es. Por otro lado, existen dos posibilidades en cuanto a tus creencias: crees o no crees. Ahora bien, si combinamos cada una de estas posibilidades obtendremos lo siguiente:

  1. Imagina que no es verdad, pero tú crees que sí: el resultado será vivir una vida como la de Carlos. Habrás vivido con esperanza, pero creyendo en una ilusión; así que, al morir, esta perecerá contigo.
  2. Ahora imagina que no es verdad y tú tampoco crees. En este caso, tendrás una vida sin esperanza, y tal vez, también sin sentido.
  1. Veamos la tercera opción. Imagina que es verdad, pero tú no lo crees. En este caso, habrás vivido sin esperanza y, finalmente, lo habrás perdido todo.
  1. Por último, imagina que todo es verdad y tú crees en ello. ¿No es maravilloso? Habrás vivido con esperanza y, cuando llegue el momento, ¡habrás ganado todo y serás eternamente salvo!

Depende de ti creer o no creer. Depende de ti ejercitar la fe. Reflexiona, usa la lógica y decide. La salvación eterna merece tu consideración.

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viernes, 18 de diciembre de 2020

SALVACIÓN ABUNDANTE

La película 2012 es una producción estadounidense de ciencia ficción cuya trama se centra en el fin del mundo, supuestamente predicho por el calendario maya. El argumento consiste en la destrucción de la tierra provocada por la inversión de los polos terrestres. Los violentos terremotos y tsunamis, la erupción de volcanes, la desaparición de ciudades en el océano y el desplazamiento de la corteza terrestre que se agrieta durante el movimiento son algunas de las principales calamidades que se suscitan alrededor del mundo. Millones de personas y animales mueren por no haber sido advertidos para escapar de la catástrofe. No obstante, alrededor de cuatrocientas mil personas se salvan gracias a tres arcas que se habían construido secretamente en el Tíbet. Para conseguir un sitio allí había que pagar mucho dinero u obtenerlo por los méritos de sus conocimientos o capacidades. Y para darle emoción al guion, el protagonista debió pasar por innumerables situaciones extremas llegando, con mucho esfuerzo y en el tiempo límite, al arca de la salvación; y como no había un puesto previsto para él, debió ingresar de manera encubierta.

«El fin, el fin viene sobre los cuatro extremos de la tierra», anuncia el profeta Ezequiel (7:2). ¿Crees que serán salvos unos pocos privilegiados que con sus méritos o esfuerzos hayan pagado uno de los contados lugares disponibles para la salvación?

La Biblia enseña que Dios ha hecho una provisión abundante para la salvación de toda alma. Por los méritos de Cristo, cada uno de nosotros tiene amplia y generosa entrada en el reino de Dios (2 Pedro l: l l). El plan de Dios contempla el costo por la humanidad completa, con entrada liberada, para todo aquel que cree en él (Juan 3: 16). Si alguno tiene dudas, nos dice: «Convencedlos» (Judas 22). A quienes vemos en el camino, nos ruega: «Fuérzalos a entrar>> (Lucas 14: 23).

En cierta ocasión, un joven estaba angustiado porque temía haber cometido el pecado contra el Espíritu Santo. Amaba a Dios y temblaba al pensar que su pecado dejara fuera de su reino. Este muchacho necesitaba confiar en las palabras de Cristo: «Al que a mí viene, no lo echo fuera>> (Juan 6: 37). Ignoraba que estaba siendo atraído por el Espíritu Santo, que convence al mundo «de pecado, de justicia y de juicio>> Juan 16: 8), y que su pecado ya había sido perdona o cuando, arrepentido, lo confesó.

En este día te invitamos a agradecer a Dios por su disposición para salvar; por haber hecho una provisión abundante y porque los únicos méritos que cuentan son los del Salvador.

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jueves, 17 de diciembre de 2020

AMOR QUE SALVA

 


EI psicoanalista René Spitz desarrolló un estudio impactante a mediados del siglo XX. Con el fin de investigar el desarrollo del niño, comparó dos grandes grupos: uno, constituido por doscientos veinte niños pertenecientes a la guardería de una institución penal en la que los pequeños eran criados por sus propias madres reclusas. El otro, constituido por noventa y uno infantes, que habían sido criados por sus madres hasta los tres meses, y luego fueron alejados de ellas para ser internados y atendidos por una niñera que cuidaba a otros nueve niños a la vez. Ambos grupos eran similares en cuanto a la edad de los niños y en cuanto al ambiente, el alimento y la higiene de la institución donde se encontraban; sin embargo, diferían en lo referente al afecto que se les brindaba. La falta de afecto que sufrieron los del segundo grupo se asoció con una alta tasa de mortalidad. El 37% de los niños no superó los dos años de edad; aquellos que sobrevivieron presentaron un retraso global en el desarrollo, por ejemplo, con graves dificultades para caminar. La gravedad de la enfermedad tenía una proporción directa con la carencia afectiva que habían sufrido. Aun así, si regresaban con sus madres a los pocos meses, se recuperaban sin mayores complicaciones.

A través de sus observaciones, Spitz descubrió un principio fundamental del desarrollo humano: no es posible vivir sin amor. Sin afecto, este ser indefenso se enferma y se muere. Pero, ¿Qué cualidades tiene el amor que salva vidas? Se trata de un amor desinteresado, libre y bondadoso. de egoísmo, que solo busca el bien de la persona amada. Un amor sacrificado, paciente Un amor que no lleva cuenta de los errores y está pronto a perdonar. Un amor que nunca pierde la esperanza y lo soporta todo (l Corintios 13:4-7).

Es posible que un amor así no haya sido la experiencia vivida respecto a tus propios padres. Aquel que ha carecido de afecto durante la niñez puede sentirse dañado o limitado para el amor. No obstante, nuestro Padre celestial es capaz de restaurar el pasado (Eclesiastés 3: 15). Y así como los niños que eran devueltos a sus madres subsanaban los déficits afectivos, de la misma manera, Dios reparará el corazón más herido y echará fuera el temor (l Juan 4: 18).

Recuerda que el gran amor con que nos amó nos da vida eterna y salvación.

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martes, 15 de diciembre de 2020

ARREBATADOS DEL INCENDIO

Era la medianoche del 9 de febrero de 1709 cuando la casa del pastor Wesley se vio vuelta en llamas

—¡Fuego! ¡Fuego! —gritaba la gente de Epworth.

Pero la familia dormía profundamente. Minutos más tarde, unos escombros encendidos cayeron sobre la cama de una de las niñas, quien de un sobresalto, corrió al dormitorio de sus padres. Tomaron al bebé, llamaron a los otros niños y salieron presurosos de la casa. Sin embargo, el pequeño John, de cinco años y medio, siguió durmiendo; y aunque intentaron rescatarlo, no fue posible traspasar el muro de fuego que lo rodeaba. Conscientes del peligro inminente, la familia se arrodilló en el jardín, clamando a Dios por la vida del niño. Al instante, se asomó por la ventana del segundo piso. Con una improvisada escalera humana lograron salvarlo apenas unos segundos antes de que se desplomara el techo.

Desde entonces, se consideró a John como «un tizón arrebatado del incendio»

(Zacarías 3: 2), cuya vida, conservada milagrosamente, tenía un propósito para Dios. Aunque era muy pobre, logró estudiar en las universidades de Chaterhouse y Oxford. Eran tiempos difíciles para la sociedad británica, ya que abundaban los extremos sociales, la pobreza, la promiscuidad, el abuso y las epidemias. Con todo, John Wesley se despertaba muy temprano para estar en comunión con Dios, tener la sabiduría necesaria para aliviar a los más pobres y llevarles el mensaje de salvación. Para alcanzarlos, recorría grandes distancias a pie o a caballo; ni la lluvia ni la nieve lo detenían. Durante 54 años, en promedio, recorrió 7.000 kilómetros y predicó 780 sermones, al año. También escribió 230 libros, enseñando a chicos y grandes, ricos y pobres que la religión no consiste en métodos o rituales, sino en vivir en intimidad con Dios.

De manera similar, cada pecador arrepentido puede considerarse un tizón arrebatado del incendio. «Nuestro Dios, a quien servimos, puede libramos del […]fue o ardiente» (Daniel 3: 17). Y si puede librarnos de eso, también librarnos de todo mal. La inmoralidad que existe en el mundo, el engaño, el desenfreno y la maldad no alcanzarán a corromper a quien haga de Dios su amigo inseparable. Es más, un noble propósito inspirará a vida de aquellos que vivan junto al Salvador.

¿Tienes el gozo de haber sido rescatado del fuego eterno? ¿Te has visto libre de todo mal? Descubre con Cristo el propósito para tu vida: un trabajo noble te espera con seguridad.

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miércoles, 9 de diciembre de 2020

ESFUERZO HUMANO


Era casi mediodía del 3 de junio de 2018 cuando el volcán de fuego en Guatemala hizo erupción. Una gran columna de humo compuesta por cenizas, fragmentos de roca y gases calientes se elevó hasta un kilómetro de altitud, desplomándose posteriormente por las laderas cercanas. A su paso, una devastación sin precedentes transformaba el paisaje en un escenarios candente, grisáceo y mortal. Mientras tanto, Rubén Darío volvía de su trabajo ese domingo fatídico cuando a través del teléfono logró contactar a su esposa que le dio este mensaje desgarrador:

-Ándate y salva tu vida, que nosotros ya estamos muriendo.

Pero este joven no desistió:

Te saco porque te saco… solo tenme paciencia – le respondió.
Pero el lugar estaba custodiado y los rescatistas le indicaron que ya no valía la pena continuar, pues todos habían muerto. Tampoco ellos lograron convencerlo y, con la ayuda de policías y soldados, logró salvar a más de treinta y siete personas, incluida su esposa e hijos. Pero su tenacidad no hubiese servido de mucho si no hubiesen sido socorridos simultáneamente por la intervención Divina. Del otro lado de la historia, las treinta y siete personas se habían refugiado en casa de un pastor cristiano. Completamente a oscuras, en medio de gases tóxicos y con un río de lava a sus pies, a punto de rendirse oraron pidiendo auxilio mientras soportaban el calor infernal. Sorpresivamente, sopló un viento suave y pudieron vislumbrar el cielo claro. Entonces cobraron fuerzas para derribar una pared y salir de allí. Una débil lluvia aumentó su esperanza cuando distinguieron un sendero despejado que los condujo hasta el lugar adonde fueron socorridos.

¿Te has dado cuenta que cada uno de los protagonistas de esta historia ha realizado sus mejores esfuerzos para alcanzar la salvación? Es cierto que ningún esfuerzo humano hubiese sido suficiente para salvar esas vidas, pero la unión del esfuerzo humano con el Poder Divino produjo esa increíble liberación. Con seguridad Rubén Darío hizo sus mejores esfuerzos. Igualmente quienes oraron lucharon con todas sus fuerzas para hacer posible su rescate. Cada uno de de los involucrados luchó y se esforzó como si el éxito dependiese enteramente de ellos, con la esperanza que Dios bendeciría sus esfuerzos.

Del mismo modo, la salvación del ser humano solo es posible por la intervención Divina. No obstante, la obra de salvar almas requiere de trabajo asiduo de colaboradores humanos. «El secreto del éxito estriba en la unión del Poder Divino con el esfuerzo humano. Los que logran los mayores resultados son los que confían más implícitamente en el brazo del Todopoderoso» (Patriarcas y Profetas, pág. 485)

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lunes, 7 de diciembre de 2020

16 MINUTOS PARA SALVARSE


Es temporada de tornados. Tu casa se encuentra dentro del «corredor de tornados», aquella área de los Estados Unidos donde se forman la mayoría de ellos. Un sistema de alarmas acaba de ser activado y las autoridades anuncian que tienes dieciséis minutos para prepararte, antes de que un inmenso embudo de viento llegue hasta donde tú estás. ¿Qué harías si tuvieses solo ese tiempo? ¿Dejarías tu preparación para el minuto final? ¿Rechazarías la advertencia, creyendo que se trata de una falsa alarma? ¿Desecharías los anuncios de las autoridades porque tu confianza en ellos ha disminuido?

El hecho sucedió el 20 de mayo de 2013, cuando un tornado con vientos de 400 km/h golpeó la ciudad de Moore (Oklahoma). Gracias al sistema de aviso temprano de tornados, los residentes de la zona tuvieron dieciséis minutos para buscar un refugio antes de que comenzara la catástrofe. Miles de personas salvaron sus vidas de una impresionante devastación buscando refugio en un lugar seguro. No obstante, perecieron veinticuatro personas y hubo más de trescientos setenta heridos.

La historia registra otro cataclismo aún más portentoso, ocurrido en tiempos de Noé. Este acontecimiento fue anunciado durante ciento veinte años y las personas tuvieron suficiente tiempo para prepararse, junto con sus familias. Día tras día, el patriarca anunció las amonestaciones del cielo, advirtiendo la destrucción del mundo antiguo. Sin embargo, los antediluvianos no quisieron dar crédito a las solemnes advertencias ni buscar refugio en el arca, así que solo ocho personas se salvaron.

Hace cerca de dos mil años, un nuevo acontecimiento cuyas dimensiones no tienen precedentes fue anunciado por Jesús y sus apóstoles: «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche. Entonces los cielos pasarán con gran estruendo, los elementos ardiendo serán deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas» (2 Pedro 3:10). Tal como lo hizo en el pasado, Dios ha dejado un tiempo de preparación. No es un refugio blindado el que puede salvarnos en aquella hora. Más bien se trata de recurrir a la providencia divina en busca de protección. Han sido escritas claras instrucciones para salvaguardar a los suyos en toda adversidad, mucho más ahora, para resguardarnos en el día final.

¿Qué vas a hacer en esta oportunidad? ¿Dejarás tu preparación para el último minuto? ¿Rechazarás la advertencia como una falsa alarma? ¿Desecharás las amonestaciones bíblicas porque tu confianza en los cristianos ha disminuido? Recuerda que: «Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación».

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