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domingo, 20 de diciembre de 2020

EL DESTINO DE LOS MUERTOS


EL DESTINO DE LOS MUERTOS

En el siglo XVII, el gran científico y filósofo francés Blas Pascal se dio a reflexionar sobre el estado de la humanidad. Para él, había un tema muy claro: por más tiempo que viviera un ser humano (y en ese entonces no vivían tanto), y por más buena que fuera la vida de esa persona (y la vida no era tan extraordinaria tampoco), tarde o temprano esa persona iba a morir. Por otra parte, para él, lo que sucedía después de la muerte era más largo, infinitamente más largo, que el corto período de vida aquí que precedía a la muerte. Por lo tanto, para Pascal, lo más lógico que una persona podía o debía averiguar era qué destino les espera a los muertos, y se sorprendió al ver que la gente se ponía nerviosa por cosas como “la pérdida del cargo, o por algún insulto imaginario contra su honor”, pero no prestaba atención a la pregunta de lo que sucedía después de la muerte. Pascal tenía razón. E indudablemente por ese motivo la Biblia dedica mucho tiempo a hablar de la promesa para los que han encontrado la salvación en Jesús, la promesa de lo que les espera en el futuro.

Lee los siguientes versículos. ¿Qué esperanza se nos ofrece? Juan 6:54; 3:16; 1 Juan 5:13; 1 Timoteo 1:16; Juan 4:14; 6:40; Judas 1:21; Tito 3:7.

La vida eterna tiene mucho sentido en razón de la Cruz; a la luz de la Cruz, nada tiene sentido salvo la vida eterna. Que el Creador de los mundos, el que “hizo el universo” (Heb. 1:2), aquel en quien “vivimos, y nos movemos, y somos” (Hech. 17:28), Dios, tuviese que encarnarse como ser humano y morir en esa carne… ¿para qué? ¿Para que finalmente nos pudramos, como un animal muerto en la carretera? Por eso, el Nuevo Testamento viene lleno de promesas de vida eterna, porque solo lo eterno garantiza la restitución. Un millón de años, incluso mil millones de años aquí, quizá no posean suficientes buenos momentos para compensar los malos. Solo la Eternidad puede equilibrar todas las cosas; y mucho más, porque lo infinito es más que lo finito, y siempre infinitamente. Pascal tenía razón: nuestro tiempo aquí es muy limitado en contraste con lo que está por venir. Qué tontera es no estar preparados para la eternidad que tenemos por delante.

  • ¿Qué le dirías a alguien que muestra total indiferencia por lo que suceda después de la muerte? ¿Cómo puedes ayudar a esa persona a ver cuán ilógica es realmente esa postura?

miércoles, 9 de diciembre de 2020

EL TRABAJO Y LA ESPIRITUALIDAD.


EL TRABAJO Y LA ESPIRITUALIDAD.

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gál. 5:25). El trabajo y la espiritualidad son inseparables. El cristianismo no es una prenda que nos podemos poner o quitar cuando cambiamos de humor o pasamos por diferentes etapas de la vida. El cristianismo crea un nuevo ser que se manifiesta en todas las dimensiones de la vida, incluyendo el trabajo.

Lee Gálatas 5:22 al 26. ¿Qué dones que describe Pablo también te describen a ti y a tu trabajo?

Un diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento describe ala persona “espiritual” como “alguien que manifiesta los frutos del Espíritu a su manera”. A partir de esto, podemos concluir que, a través de nuestra conexión con Cristo, los seres humanos funcionaremos como creyentes en todos los aspectos de nuestra vida. Un paciente estaba en su lecho de muerte en el Hospital de Florida mientras su mejor amigo velaba junto a su cama. Los enfermeros entraban y salían de la habitación, atendiendo las necesidades del paciente. Tratando de mantener una conversación fluida, el amigo preguntó a los enfermeros dónde habían estudiado. Muchos le contaron que se graduaron del Hospital Escuela Florida.

Esto causó una gran impresión en el amigo. Posteriormente realizó varias visitas al Hospital Escuela Florida para ver cómo era. ¿Por qué? Porque él le había contado a la gente que le parecía que los enfermeros graduados de esta escuela constantemente le brindaban más amor y cariño a su amigo moribundo que los enfermeros graduados en otros lugares. Es decir, pudo ver una gran diferencia entre ellos y los demás con respecto a su actitud hacia su amigo moribundo. Por lo tanto, hizo muchas preguntas sobre el colegio y su misión, y finalmente dejó una donación de cien mil dólares para educar a más enfermeros como los que había visto en acción. Sí, la espiritualidad es un estilo de vida.

  • ¿Cómo manifiestas tu espiritualidad en las tareas cotidianas de la vida? ¿Qué tipo
    de impresión crees que dejas (porque, en definitiva, dejas huella)?

lunes, 7 de diciembre de 2020

EL TRABAJO Y LA EXCELENCIA


Lección E. Sabática 2020
 Para el: 08 diciembre

Repasa Éxodo 25:10 a 30:38. ¿Cuán específico fue Dios cuando le pidió a Moisés que construyera un Tabernáculo de adoración? ¿Qué nos dice esto sobre el carácter de Dios?

Cuando Dios le indicó a Moisés que construyera un tabernáculo “para él”, Moisés podría haber dicho: “¡No hay problema, Señor! Estuve armando tiendas desde que me escapé de Egipto hace cuarenta años… ¡Solo dame un minuto!” Para cualquier hombre que viviera en la cultura madianita seminómade de la época, armar una carpa era algo sencillo. Podría haberlo hecho con los ojos vendados, por reflejo, con la mente en otras cosas mucho más importantes. Lo que Moisés quizá no se esperaba era un conjunto de planos muy detallados (que, por lo demás, era una estructura arquitectónica muy sencilla), más una larga lista de cómo fabricar cada mueble del interior, al igual que las prendas sacerdotales: casi 150 instrucciones punto por punto. Para construir una mesa sencilla, por ejemplo, Moisés tuvo que seguir un procedimiento de ensamblaje de siete pasos (Éxo. 25:23–30).

La atención al detalle que Dios mostró en la construcción de su Tabernáculo (como así también más adelante en las instrucciones para los rituales sacrificiales) muestra un espíritu predominante de excelencia, un deseo de producir nada menos que una obra maestra. Los materiales eran de la más alta calidad, el diseño era impecable, el trabajo tenía que ser sobresaliente: el mensaje era claro: “¡Con Dios, no se acepta el trabajo chapucero!” Sin embargo, aunque la norma parecía ser elevada, fue Dios mismo quien proporcionó no solo el ímpetu sino también los recursos humanos para alcanzarla. Leemos, en Éxodo 31:1 al 6 y 35:30 al 36:1, que Dios mismo le dio al pueblo las habilidades necesarias. Estos hombres fueron llenos “del Espíritu”, lo que les dio habilidad y conocimiento en todo tipo de artesanías, para que la construcción del Tabernáculo y sus muebles avanzara como “ha mandado Jehová” (Éxo. 36:1). Además, los mismos dos maestros diseñadores también fueron dotados para “que pueda[n] enseñar” (35:34), de modo que su conocimiento y su habilidad continuaran dentro de la comunidad israelita. Aunque en la historia se señala a ambos como los líderes elegidos por Dios, hubo otros que recibieron dones similares y se sumaron a la obra (36:2).

Por lo tanto, no es una excusa válida el hecho de que seamos seres humanos y pecaminosos para encarar alguna tarea sin la máxima dedicación. Dios espera que siempre nos desempeñemos de la mejor manera, aprovechando nuestros talentos, habilidades, tiempo y educación para grandes causas.