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martes, 12 de enero de 2021

LA DE LENTES

 


¿Con cuál secretaria hablaste?» «Con la de lentes», contestó.

Escuché ese diálogo en la calle. Vivo en un país en el que usar los rasgos físicos para describir a las personas es muy común.

No es que haya algo malo en describir a las personas de esa forma. A veces es lo que más fácil nos resulta, lo más práctico y rápido.

Tampoco hay algo malo en cuidar nuestro aspecto. Es parte de lo que somos y es importante tenerlo en cuenta.

Pero ¿qué pasaría si viviéramos en un mundo sin fotos o en un mundo en que la tarea de describir a las personas la tuvieran los ciegos?

¿Qué sabrían de nosotros los demás? ¿Qué cosas nos esforzaríamos por resaltar?

¿Qué rasgos tienen las personas que te rodean? No me refiero a los rasgos genéticos, sino a los cultivados conscientemente.

Quizás algunas cosas cambiarían, en nosotros y en los demás, si la próxima vez alguien respondiera:

«La simpática», «la servicial», «la que da abrazos apretados».

A la hora de tocar vidas, poco importa si usamos lentes o ropa al último grito de la moda; si nuestros padres son bajitos o altísimos.

Poco importa el color de piel, de ojos o de pantalón.

La persona con el gusto más exigente, creativo, refinado y visionario del planeta, lo último que mira es tu exterior. Tampoco mira tu CV, tu billetera, o tu árbol genealógico. Mira tu corazón. Y no te dio un like. No hizo clic en un corazón virtual y siguió de largo a la siguiente imagen. Se detuvo, detuvo el universo y dio su vida por ti. Dijo: «¡Te amo! ¡Hasta la muerte y por toda la eternidad!». Y lo dijo de verdad.

Dejó una de esas huellas de amor también en nuestro corazón, para que la recibamos y sepamos darla hoy, para que aprendamos a ver con sus ojos y entendamos nuestro valor.

«La sabiduría y la excelencia reveladas en el carácter y la conducta expresan la verdadera belleza del hombre; la dignidad intrínseca, la excelencia del corazón, determina que seamos aceptados por el Señor de los ejércitos. ¡Cuán profundamente debiéramos sentir esta verdad al juzgarnos a nosotros mismos y a los demás!» (Patriarcas y profetas, p. 692).

HE DECIDIDO SEGUIR A CRISTO

Hay un himno muy conocido que uso siempre para enseñar el tiempo verbal presente perfecto del inglés. Este tiempo se caracteriza por narrar hechos que comenzaron en el pasado pero que siguen teniendo relevancia en el presente. Y es que, cuando decidimos seguir a Dios, esa decisión tiene que seguir vigente en nuestra vida.

La letra del himno «He decidido seguir a Cristo», según varias fuentes, se basa en las últimas palabras de un hombre de Assam, al noreste de India, quien junto a su familia decidió seguir a Cristo a mediados del siglo XIX, gracias a los esfuerzos de un misionero de habla inglesa.

El jefe de su tribu quiso hacerlo renunciar a su fe, pero él declaró:

«He decidido seguir a Cristo». En respuesta a las amenazas a su familia, dijo: «Aunque nadie venga conmigo, yo seguiré igual» (lo que en español cantamos como «si otros vuelven, yo siempre sigo»). Este hombre tuvo que tomar la dificilísima decisión de dejar que su esposa muriese por no renunciar a su fe.

Tiempo más tarde, él fue ejecutado. Mientras, de sus labios brotaba la frase: «La cruz delante y el mundo atrás». Esta manifestación de fe llevó a la conversión del jefe de la tribu y de muchos en su aldea.

A partir de estas frases dichas en diferentes momentos, un misionero indio compuso el himno y lo tituló «Assam», en honor al lugar de su origen.

Si bien no conocemos con certeza la veracidad de esta historia, gracias a numerosas biografías y a los escritos inspirados de Elena de White, sabemos que muchos cristianos decidieron sellar su fe con su vida. Ya fuera en la hoguera, en el patíbulo o en la arena ante las fieras, los fieles fueron de testimonio en su vida y aún más en su muerte.

¿Te has preguntado alguna vez qué canción escribirían de ti?

Dios nos ha llamado a seguirlo. Olvidemos lo que queda atrás, tomemos esta firme decisión y mantengámosla hasta la meta final… sin volver atrás.

#MatinaldeJóvenes

lunes, 11 de enero de 2021

UN NIDO EN LAS ALTURAS

 

 

El nombre de una de las escuelas secundarias en que me formé era «Las Águilas de la Libertad». La verdad es que yo nunca había visto un águila y no me sentía muy identificada con ella, pero cuando la vi por primera vez en un zoológico, quedé realmente impresionada.

Su porte era tan noble y sereno… Esta ave siempre ha sido utilizada como símbolo de fortaleza, poder, belleza, majestad y victoria. Las hay de varios tipos, tamaños y colores en todo el mundo; pero algo que las caracteriza a todas es que siempre vuelven a su nido. Los biólogos confirman que el águila aprovecha las diferentes corrientes de aire para volar mejor y llegar a su destino. Usa la fuerza de estas ráfagas para tomar mayor impulso y desplazarse a mayor velocidad. Lo que puede derribar a otras aves, favorece a las águilas.

El Creador puso en ellas el instinto de supervivencia, que las lleva a trasladarse para encontrar alimento o reproducirse y poner su nido en las alturas, lejos del alcance de otros animales y peligros.

Podemos confiar que, si las dotó de estas características, Dios también nos dará la capacidad de imitar algunas de estas cualidades.

Las ráfagas que se presentan inesperadamente pueden ser parte del propósito de Dios para llevarnos con más fuerza y rapidez a nuestro destino.

«El creyente tiene siempre en el Señor a un poderoso auxiliador.

Tal vez no sepamos cómo nos ayuda; pero esto sabemos: Nunca falta su ayuda para aquellos que ponen su confianza en él. Si los cristianos pudieran saber cuántas veces el Señor ordenó su camino, para que los propósitos del enemigo acerca de ellos no se cumplieran, no seguirían tropezando y quejándose. Su fe se estabilizaría en Dios, y ninguna prueba podría moverlos. […] Al enviar pruebas a sus hijos, Dios tiene un propósito. Nunca los conduce por otro camino que el que elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo» (Profetas y reyes, pp. 422-424).

Ojalá busquemos poner la mira en las cosas de arriba y nuestro «nido» en las alturas, ya que está en nuestra naturaleza volver a nuestro hogar original.

#MatinaldeJóvenes

sábado, 9 de enero de 2021

EL TINTINEO DE LAS CAMPANAS

 

 
 En julio de 2011, Ell Shukron, reconocido arqueólogo israelí, encontró una pequeña campanilla en una antigua cañería de agua.

Su origen data de dos mil años atrás y se la identificó como parte de la vestimenta del Sumo Sacerdote.

El manto tenía muchas campanillas que tintineaban con cada paso. Todos lo escuchaban llegar. Todos lo escuchaban irse.

El hallazgo de esta campanilla no solo prueba una vez más la fidelidad de la Biblia y la exactitud con que el pueblo judío cumplía con los símbolos que Dios había instituido en el templo, sino que nos lleva a reflexionar en el sacrificio que se realizaba cada día. Jesús caminó por las calles de Jerusalén y, probablemente, escuchó el tintineo de estas campanillas del manto del Sumo Sacerdote.

Jesús se convertiría en el sacrificio vivo que acabaría con todo ese sistema de rituales que tan bien ejemplificaba su amor y entrega, y que a la vez tan común y carente de sentido se había vuelto para quienes no entendían realmente quién era el Mesías.

El pueblo escuchaba el tintineo de las campanillas del Sumo Sacerdote. Mientras, Jesús caminaba a su lado.

Quizá hoy nosotros hemos perdido nuestra sensibilidad a las cosas espirituales o las estamos considerando simplemente como un «sonido» más, cuando en realidad nos están señalando el sacrificio vivo, Jesús, que camina a nuestro lado.

Al ascender al cielo después de su resurrección, Jesús comenzaría su obra como nuestro Sumo Sacerdote. Pablo dice: «En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro» (Heb. 9:24, NVI).

«La obra de Cristo en favor de la redención del hombre y la purificación del pecado del universo se concluirá quitando el pecado del Santuario celestial y colocándolo sobre Satanás, quien sufrirá el castigo final» (Patriarcas y profetas, p. 372).

El Mesías, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, obtuvo la victoria final.

Ojalá decidamos caminar más conscientes de a quién tenemos al lado y qué triunfo ha ganado.

Hoy, presta atención a algún elemento cotidiano que te haga pensar en tu Salvador y memoriza algún versículo relacionado con él.

#MatinaldeJóvenes

SÁBADO EN EL HOSTAL

Nos encontrábamos de viaje con un grupo de amigos. Esa tarde habíamos recorrido un lugar que nos había quitado el aliento por su grandeza y su hermosura, y nos había hecho recordar las cuevas en las que David se escondía cuando huía de Saúl. Habíamos disfrutado intensamente de estar en la naturaleza y conocer nuevos lugares, pero el sol se había puesto y nos encontrábamos hospedados en un hostal. Aunque todos éramos adventistas, el ambiente afuera no era muy sabático. El hospedaje estaba ubicado en una de las avenidas principales, llena de gente, bullicio y agua que corría por las veredas debido a la copiosa lluvia que caía.

Era temprano, me había acostado y recordé este versículo porque era mi oración. ¡Cuántas ganas tenía de estar en un lugar más propicio para estar en sintonía con Dios!

Sin embargo, en esa cama prestada, esa noche pude sentir la paz de la compañía divina, que va con nosotros si la pedimos.

Como vivo en un pueblo tranquilo, vivir un momento de quietud no es algo que me resulte difícil los sábados y es algo que busco con alegría. Pero quizá tu situación sea diferente. Quizás a tu alrededor haya mucho ruido y gente que no tiene idea de las bendiciones prometidas para este día.

Quizá haya silencio, pero por dentro estás pasando un momento de «ruido» por cosas que te preocupan, que no te convencen o que te hacen dudar.

Quizás en este momento no puedas elevar la voz pero, como dice el salmista, ojalá puedas con tu corazón cantar a Dios.

Muchos sábados me tocó asistir a iglesias en galpones o gimnasios. Aunque esos lugares a veces parecían no ser tan reverentes, me dejaron una lección preciosa. Por los aleros del techo, siempre se colaban algunas palomas, gorriones y horneros que asistían al culto como nosotros. Aun ellos se sentían a gusto en la presencia del Altísimo y se unían a nuestro canto.

Ojalá anheles sus atrios y su presencia también. Dios concederá tus deseos y te acompañará donde sea y como sea que estés


jueves, 7 de enero de 2021

ELIMINAR ETIQUETA

 

 

Nos hemos acostumbrado a las etiquetas, pero algunas veces nos etiquetan no en fotos, sino con adjetivos que duelen.

¿Qué pasaría si todos anduviésemos por la calle con un cartelito con las etiquetas que otros nos ponen, o esas que a veces nos autoasignamos, que pueden tener un poco de razón, o solo ser un espejo de cómo se siente el otro?

El hombre de nuestra historia llevaba una etiqueta antigua que no podía esconderse detrás de una pantalla o de un perfil estratégicamente pensado. Tenía que gritar «¡Inmundo! ¡Inmundo!», por si alguien no se había «actualizado».

En El Deseado de todas las gentes, leemos que ellos, los leprosos, «no se atrevían a esperar que Jesús hiciese por ellos lo que nunca se había hecho por otro hombre. Sin embargo, hubo uno en cuyo corazón empezó a nacer la fe» (pp. 227, 228).

Una mañana se animó a salir de su escondite. No sabemos si vistió sus mejores ropas, si se lavó la cara y se peinó.

¿Lo sanaría él? ¿Lo maldeciría por sus pecados? ¿Le diría que se alejara para no contaminarse? ¿Lo rechazaría como todos los demás?

¿Lo miraría con asco?

Se acercó con temor, a lo lejos. Lo escuchó, lo vio poner sus manos sobre los enfermos. Quizás al final sí era real…

Intercambiaron dos frases que lo dijeron todo y, en ese instante, al desaparecer la lepra visible, Jesús arrancó de su pecho la etiqueta invisible, borró de sus cuerdas vocales el grito desesperado y puso en sus labios una historia para contar. Jesús no solo obra externamente; transforma la identidad, restaura, reúne a las personas aisladas, saca de la cueva y lleva a la casa, convierte a un montón de harapos en persona y a una víctima en testigo.

Es posible que hoy estés luchando con una etiqueta, mirando desde lejos a Jesús y preguntándote si realmente él es capaz de sanarte.

Llévale todo. Deja que en tu corazón nazca la fe y permítele obrar un milagro en tu vida también. Está ahí, con el ícono de «Eliminar etiqueta» abierto, esperándote para hacer el clic.

#MatinaldeJóvenes

LOS ROCKLETS DE LA REGLA DE ORO

 

 

En mi pueblo venden un brownie bañado en chocolate y mini Rocklets.

Una vez llevé ese postre para festejar el cumpleaños de una de mis alumnas. Entre globos, risas y actividades, la clase transcurrió normalmente, terminó y los chicos se fueron. Me quedé en silencio para limpiar y ordenar todo, y cuando fui a guardar lo que quedaba del brownie, me encontré con que a la porción le faltaban los mini Rocklets.

Su ausencia había dejado un espacio vacío… y se notaba.

No sé quién los comió ni si hubo mala intención al efectuar ese robo tan pequeño. Pero sé que la actitud nació de donde nacen todos los males: de nuestro egoísmo humano innato.

¡Cuántas veces sacamos de los demás sin que nadie vea, sin que se den cuenta! Sacamos algo porque nos beneficia, y tener ese «mini Rocklet» es para nosotros más importante que el vacío que queda en su «porción».

Hoy en día lidiamos con robos, usos y abusos mucho más grandes que ese, pero recordemos que el egoísmo no es la solución para las carencias o los apetitos; aunque sea grande o pequeño, nuestro accionar puede dejar un vacío innecesario en algo o en alguien.

Nuestra forma de manejarnos, al final, sí marca la diferencia, aunque sea en las personas que nos rodean.

No es tarde para restituir algunas cosas, o para llenar con gestos pequeños pero significativos los espacios que han quedado vacíos, a veces sin mala intención, a veces pensando que nadie lo notaría.

¿Qué «confites» crees que tienes a tu alcance hoy para «decorar» un espacio vacío?

En El discurso maestro de Jesucristo, Elena de White comparte unas citas respecto a este tema:

«En tu trato con otros, ponte en su lugar. Introdúcete en sus sentimientos, sus dificultades, sus chascos, sus gozos y sus pesares.

Identifícate con ellos, y luego trátalos como quisieras que te trataran a ti si cambiaras de lugar con ellos. Esta es la regla de honestidad verdadera. […] Y es la médula de la enseñanza de los profetas. Es un principio del cielo […]. Cuando los que profesan el nombre de Cristo practiquen los principios de la Regla de Oro, acompañará al evangelio el mismo poder de los tiempos apostólicos» (pp. 123, 124, 126).

#MatinaldeJóvenes

martes, 5 de enero de 2021

VUELOS PERDIDOS

 


Había perdido un vuelo y estaba a punto de perder otro. Transitaba los interminables pasillos del aeropuerto con dos mochilas pesadísimas en la espalda y el brazo izquierdo. Con la mano derecha acarreaba una valija. Pero esa valija no tenía ruedas, así que, por el cansancio, muchas veces la iba pateando lentamente para avanzar.

Estaba concentrada en mi mal humor. De repente, una mujer me preguntó, con cara de dolor, si la podía ayudar. Tenía un brazo fracturado y venía haciendo malabares con su equipaje también. Me detuve a ayudarla, caminamos apresuradamente y, al llegar al mostrador donde nos tenían que asignar un nuevo vuelo, comenzamos a conversar más calmadamente en una mezcla de español y portugués. Hablamos de problemáticas sociales, familia, estudios, trabajo y… de Dios. Le conté que era adventista. Ella me dijo que había visto programas de familia y alimentación saludable en el canal Nuevo Tiempo y también me contó algunas otras inquietudes espirituales. Quería saber más sobre nuestras creencias y se la veía muy animada a pesar de la noticia: ya no había vuelos y nos tocaría esperar. A ella, en un hotel; a mí, en el piso del aeropuerto… cinco noches (aunque a esa altura aún no lo sabía).

Antes de salir hacia el hotel, y aprovechando los tickets de comida que le habían dado, me invitó a desayunar. Eran las 4 de la mañana y nos sentamos en uno de los pocos locales abiertos. Decidimos intercambiar direcciones para seguir en contacto y, mientras ella escribía sus datos, aproveché a sacar mi Biblia para compartir mi versículo favorito con ella: Romanos 8:28, que tan apropiado resultaba para la situación que estábamos pasando. Ella terminó de escribir y me pasó el papel. Cuando lo vi, para mi sorpresa, me di cuenta de que además de sus datos había escrito con su letra de abuela en prolijo portugués:

«Carol, todas as coisas cooperam para o bem daqueles que aman a Deus» (Rom. 8:28).

Seguramente, Dios quería recordarnos esa promesa a las dos. Él es especialista en transformar situaciones desafortunadas en una enorme bendición.

Seguramente, hoy quiere recordarte esta promesa a ti también. Ámalo. Él hará el resto.

lunes, 4 de enero de 2021

¡OH, QUÉ AMIGO NOS ES CRISTO!

 





Joseph Scriven tenía 25 años. Estaba enamorado y a punto de casarse, pero el día previo a su boda, su prometida murió ahogada en un trágico accidente. Con el corazón roto, Joseph cruzó el océano Atlántico desde su Irlanda natal para comenzar una nueva vida en Canadá. Se estableció en Ontario y, al lado de un río, hizo un compromiso con Dios de vivir su vida de acuerdo con las enseñanzas del Sermón del Monte, para servir a otros y reflejar el amor de Cristo siempre. En ese pueblo comenzó a conocérselo como «el buen samaritano de Port Hope».

Pasaron varios años y empezó a trabajar como maestro en una escuela. Allí se enamoró de Eliza, quien era pariente de uno de sus alumnos. Se comprometieron y estaban por casarse cuando, inesperadamente, las esperanzas y los sueños de Joseph se hicieron añicos otra vez. Eliza enfermó gravemente y murió semanas antes de la boda.

Este hombre, experimentado en dolor y soledad, recurrió una vez más a Dios para recibir fuerzas y consuelo. Su fe en él, así como su relación diaria tan cercana, lo ayudaron a salir adelante.

Poco después de que Eliza muriera, Joseph se enteró de que su madre estaba muy enferma. Como no podía volver a verla, le escribió una carta para darle ánimo y consuelo, y adjuntó uno de sus poemas titulado «¡Oh, qué amigo nos es Cristo!» Había conocido a un Dios que está dispuesto a sobrellevar nuestras cargas y sanar nuestro dolor.

Ya al fin de sus días, que habían sido empleados siempre en ayudar a los menos afortunados, un amigo lo visitó y se encontró con este y otros poemas.

Hoy es un himno cantado por millones de cristianos de diferentes denominaciones y culturas. Y es que el amor de Dios, que sostuvo a Joseph en sus peores momentos, es el mismo que nos puede sostener hoy.

Te invito a pensar en la letra de este himno y a cantarlo con convicción. Jesús, en su Palabra, nos llamó amigos. Nosotros, en nuestra vida, podemos demostrar que lo llamamos así también.

¡De cuánta paz nos perdemos! ¡Cuánto dolor cargamos innecesariamente! ¡Qué privilegio llevarle todo en oración!

#MatinaldeJóvenes

martes, 29 de diciembre de 2020

ÚNICO EN SU ESPECIE

 

 

El código Da Vinci, la novela de Dan Brown, se ha convertido en uno de los libros más vendidos de los últimos tiempo: ochenta millones de ejemplares; además, se ha traducido a 44 idiomas. La obra es una combinación de géneros de suspenso y esoterismo, donde supuestamente, el Opus Dei (una orden de la Iglesia Católica), pretende ocultar la verdadera historia de Jesús. Independientemente de los disparates que ahí se mencionan, lo curioso es el interés que la persona de Cristo sigue despertando en el mundo.

Las reflexiones sobre Jesús han sido parte de la vida de la iglesia cristiana. Y es que Jesucristo es un personaje de meditación inagotable. Pero muchos creyentes no entienden lo que tiene que ver con la semejanza de Cristo y los seres humanos. ¿Era Jesús un hombre o más bien solo lo parecía? ¿O acaso era únicamente un ser humano sin ningún tipo de divinidad? Durante trescientos años, la iglesia primitiva luchó con este tipo de controversias. Hasta el día de hoy, siguen apareciendo libros, películas, documentales y páginas de Internet sobre Jesús, sin embargo, muchos de ellos carecen de fundamento bíblico.

En las Escrituras hay un texto que brinda una perspectiva concisa de su personas y obra: «Vuestra actitud debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos» (Filipenses 2:5-7, CTS). Aquí dice que, con relación a Dios, Jesús es igual. Pero con relación a los hombres, es semejante  a ellos, como dice Hebreos 2:17: «Por eso le era necesario ser semejante a sus hermanos en todo». De ahí que la Biblia afirma que Jesús es el unigénito de Dios (Juan 3:16), es decir, el único en su especie porque posee tanto la naturaleza divina como la humana.

El versículo de esta mañana nos recuerda que Jesús participó directamente en la creación de este mundo. Todo fue creado a partir de la Palabra divina bajo un orden establecido por Dios.

¿Quieres conocer a Jesús? ¡Abre la Biblia! Ahí encontrarás la mejor fuente de información sobre él. Pide hoy al Señor que te ayude a encontrarte con Jesús a través de su Palabra.

#MatinaldeJóvenes

domingo, 27 de diciembre de 2020

NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

 

 

¿A qué se refiere el Señor cuando dice: «No tomaras en vano el nombre del Señor tu Dios, porque yo, el Señor, no consideraré inocente al que tome en vano mi nombre»? (Éxodo 20:7).

En las Escrituras, el nombre indicaba aquello por lo que una persona o un objeto podían ser conocidos. El concepto bíblico de poner un nombre se fundamentaba en la antigua noción de que un nombre expresa la esencia de quien los llevaba. Es decir, conocer el nombre de una persona, un lugar o un objeto era conocer el carácter y la naturaleza de quien lo poseía. Así es como vemos a Adán poniéndole nombre a los animales de acuerdo con su naturaleza (Génesis 2:19,20). En el caso de Dios, en la Biblia, su nombre y su persona están inseparablemente relacionados. No obstante, como es imposible reflejar su carácter de una sola manera, en la Escritura se revela bajo diferentes nombres, los cuales dejan ver su multiforme gracia. A través de sus diversos nombres, el Señor podía revelarse a su pueblo para darle la seguridad de su presencia.

Por lo tanto, ¿cuál es el sentido del tercer mandamiento? En realidad, Dios está diciendo: «Yo soy una persona real y no una idea abstracta o un mito humano. No juegues conmigo ni con las cosas sagradas». «Aprende a respetar todo lo que evoca mi persona: mi Libro santo, mi lugar de culto, mis mensajeros, mi día de descanso, mis ritos y ceremonias especiales». La palabra clave es reverencia. Sí, reverencia es deferencia, alabanza, adoración. Reverencia es el respeto del Señor. Y aunque es cierto que mucha gente insulta, denigra y desprecia abiertamente al Dios de la Biblia, la advertencia de las Escrituras es que un día recibirá su debida sanción.

Aquellos que son reverentes no pueden olvidar una gran verdad de parte de Dios: «No me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros. Y os he destinado para que os pongáis en camino y deis fruto abundante y duradero» (Juan 15:16, BLP). Es decir, que no hemos de colocarnos como el centro de nuestra experiencia espiritual, imponiendo algún tipo de exigencia o actitud a la hora de adorar a Dios, como si se tratara de un favor que hacemos al cielo, sino concentrarnos en el Padre celestial, recordando que es él a quien le debemos la salvación y la oportunidad de vivir.

Este día dale lo mejor de tu vida al amoroso Dios y conócelo como es tu privilegio.

#MatinaldeJóvenes

sábado, 26 de diciembre de 2020

EL ROBO DE UNA BIBLIA

Juan era un joven que se había rodeado de malas compañías y, en un momento de su vida, se inició en la delincuencia cometiendo algunos robos. El dinero fácil y la destreza para tomar lo que no era suyo le resultaba emocionante. Pero uno de esos días se acercó a un coche y vio en su interior un extraño libro negro cuyo canto dorado brillaba solemnemente. «Ese libro debe ser importante, se ve muy atractivo», se dijo a sí mismo. Así que no dudó en romper el cristal de una de las ventanillas con una piedra y se llevó el misterioso volumen. Cuando llegó a su casa se dio cuenta de que se trataba de una Biblia y, paulatinamente, comenzó a leerla como pudo. El habilidoso ladrón se sintió conmovido con la lectura de la Palabra de Dios y suplicó al cielo ayuda para cambiar de vida. Fue así como el Señor lo condujo a un templo adventista que estaba cerca de donde él vivía. Allí aprendió la doctrina cristiana y, tiempo después, fue bautizado.

Años más tarde, Juan se encontró con Daniel, un fiel cristiano que gustaba de predicar el evangelio. Cuando Juan sacó su Biblia, Daniel comentó:

-Vaya, qué linda Biblia, se parece a una que yo tuve hace tiempo.

-Es una Biblia especial para mí. Ella me condujo a Dios -respondió Juan.

Entonces, Daniel tomó el texto sagrado y leyó su nombre en las páginas iniciales.

-¡Pero si es mi Biblia! ¡Tiene mi nombre! ¡Alguien la robó de mi coche hace varios años! -aseguró Daniel.

-Sí, hermano. Fui yo quien robó esta Biblia de un vehículo sin saber de lo que se trataba. Pero este Libro cambió mi vida -reconoció Juan.

Ambos creyentes se abrazaron emocionados al ver cómo el Señor había obrado para transformar una vida.

La Biblia tiene poder para cambiar todo tipo de vidas. Quienes la leen, no pueden permanecer indiferentes a ella, ya que la promesa es: «Así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié» (Isaías 55:11).

Tú también puedes ser transformado por el poder de Dios a través de la lectura de la Biblia. ¡No pierdas hoy esa gran oportunidad!

viernes, 25 de diciembre de 2020

LA NIÑA DE LA BIBLIA

Mary Jones nació en el País de Gales en 1784. A sus diez años tenía dos grandes sueños: aprender a leer y tener su propia Biblia. El primer sueño se cumplió cuando se abrió una escuela a tres kilómetros de su casa. Pero el segundo se veía muy difícil, ya que entonces un ejemplar de la Biblia era sumamente caro. Para conseguirlo, decidió hacer algunos trabajos ocasionales para los vecinos: criar pollitos, vender sus huevos, juntar paja, ayudar a las mamás en sus quehaceres domésticos y el cuidado de sus hijos. Durante seis años Mary estuvo juntando dinero. Al final, tuvo suficiente para comprar un ejemplar de las Sagradas Escrituras.

Mary averiguó que había un pastor llamado Thomas Charles, que vivía a cuarenta kilómetros de su casa, que vendía versiones de la Biblia en galés. Thomas Charles se quedó impactado al escuchar la historia de Mary. «Yo amo la Biblia», le dijo. «La he amado desde que era una niña y escuchaba cuando la leían en reuniones a las que asistía con mi padre y madre. Luego abrió la escuela cuando yo tenía diez años, y aprendí a leer. Ahora quiero mi propia Biblia». Sin embargo, el pastor Charles le dijo que ya no tenía biblias en galés porque la Sociedad de Tratados Religiosos había rechazado imprimir más en esta lengua. Mary empezó a llorar desconsoladamente. Thomas Charles se compadeció de ella y le vendió un ejemplar de la Biblia en galés que le había prometido a otra persona. La niña se retiró feliz con su ejemplar de las Sagradas Escrituras.

La experiencia de Mary motivó al pastor Charles a ir a una reunión de la Sociedad de Tratados Religiosos en 1802 para contar lo que había pasado. Cuando terminó, instó a los miembros a que consideraran formar una nueva sociedad dedicada a imprimir y distribuir la Biblia en el idioma galés. Aquel día del mes de diciembre, nació la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Tuvo su primera reunión el 7 de marzo de 1804, y se reunieron setecientas libras esterlinas para la impresión y distribución de biblias en todo el mundo.

Mary nunca habría soñado que desempeñaría un papel tan importante en los planes de Dios para este planeta. El Señor la usó para poner la Biblia en manos de millones de personas. Así es Dios, puede usar los nobles sueños de una joven o una señorita para transformar el mundo.

Este día recuerda que, por sencilla que sea tu vida, Dios la puede usar para hacer llegar su Palabra a todos los rincones del planeta.
#MatinaldeJóvenes

martes, 22 de diciembre de 2020

VIVIR PARA PREDICAR

 

 
 

A mediados del siglo XIX, la idea de la inminencia de la venida de Jesús a este mundo hizo creer a un gran sector de los pioneros del adventismo que no tenía caso enviar misioneros fuera de los Estados Unidos para predicar el evangelio. Sin embargo, conforme fueron pasando los años, esta actitud empezó a cambiar. Fue así como un inmigrante polaco avecindado en Norteamérica, Michael Belina Czechowski, escuchó el mensaje del advenimiento y solicitó apoyo de la Asociación General para regresar a Europa y difundirlo. No obstante, su petición fue rechazada. Pero eso no lo desanimó y consiguió los recursos para viajar al viejo continente. Fue así como se embarcó el 14 de mayo de 1864.

Durante catorce meses, Czechowski proclamó el mensaje del segundo advenimiento en Torre Pellice y otros lugares de los Valles Valdenses del Piamonte (Italia). Gracias a eso, se convirtió a la fe Catherine Revel, primer miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Europa, y Jean David Geymet, primer colportor adventista en Italia. Posteriormente, el misionero se dirigió a Suiza, Hungría y Rumanía. En 1866 publicó la primera revista adventista en Europa, L’Évangile Éternel. Al siguiente año fundó la primera iglesia adventista en el viejo continente, en Tramelan (Suiza).

La Asociación General envió a John N. Andrews como primer misionero adventista a Europa en 1874 para continuar la obra de Czechowski, quien murió en Viena (Austria) el 27 de febrero de 1876. Andrews se dedicó a visitar a los creyentes adventistas y confirmar su fe, además de organizar la iglesia para darle una proyección mayor. El gran apoyo de este misionero fueron sus hijos, Charles y Mary, quienes se entregaron a la obra de predicar el evangelio.

En 1867 llegarían otros dos misioneros de los Estados Unidos a Europa: los hermanos Agustín C. y Daniel T. Bourdeau. Al año siguiente llegaría John G. Matteson, de origen danés, a Dinamarca. La obra en España tardó un poco más en llegar. Los hermanos Frank Starr y Walter Guy Bond (este último junto con su esposa Leola Gerow) fueron los primeros misioneros adventistas en España en 1903. Al principio enfrentaron dificultades, controversias y persecuciones, pero lograron establecer la obra en la península ibérica.

Compartir el evangelio te permite ver los grandes milagros que Dios hace en la vida de la gente. Ahí donde vives, seguramente el Señor tiene un reto misionero para ti. Comparte con otros lo que Dios ha hecho por ti; tus palabras pueden resultar determinantes para el futuro de los que te rodean.

domingo, 20 de diciembre de 2020

EL PODER DE LA PALABRA

El profeta Elías vivió en uno de los momentos más dramáticos para el pueblo de Israel en cuestiones espirituales. La apostasía se expresaba de diversas formas; por si fuera poco, la reina Jezabel promovía abiertamente la infidelidad al Señor y financiaba a una buena cantidad de hechiceros de Baal, además de perseguir a los profetas del Dios de Israel.

Un buen día, Dios pidió a Elías que anunciara una sequía en el territorio de Israel. Durante tres años y medio no hubo lluvia en la región. Por este motivo, el rey Acab culpó a Elías de perturbar la paz de la población. Para defenderse, el profeta desafió a los profetas de Baal y sus seguidores para que el verdadero Dios se diera a conocer en el monte Carmelo. Ellos aceptaron y, junto con una gran multitud, se reunieron para celebrar un sacrificio a Baal. Ahí estaba el pueblo expectante, mirando cómo los ochocientos cincuenta profetas de Baal saltaban, danzaban y laceraban sus cuerpos para obtener una respuesta de su dios. Sin embargo, todo fue en vano.

Después llegó el turno de Elías. Él no necesitó de espectáculos estrambóticos para comunicarse con Dios. No se desgastó la garganta con gritos ni acciones grotescas. No, el Dios del cielo no requiere de sensacionalismo para mostrar su poder. Lo único que necesitó el profeta para acceder a los almacenes de las bendiciones del cielo fue postrarse de rodillas e invocar el nombre del Padre celestial. Sabía que esa es la posición que le da poder a un ser humano, por humilde que sea; sabía que esa postura hace temblar al diablo y ahuyenta a los demonios. Así fue como le suplicó al Señor que mostrara su poder en ese momento, ante aquella multitud de hebreos apóstatas, y ante los falsos profetas que habían llegado a dominar las conciencias de la gente. Y el Señor respondió para mostrar su presencia: hizo descender fuego del cielo y consumió el sacrificio que el profeta había preparado.

Esta mañana te invito a rogar al Señor que muestre su poder en el sitio donde estás, ya sea en tu casa, en tu escuela, en tu vecindario, en tu lugar de trabajo. Pero también pídele a Dios como lo hizo Elías: que tú eres su siervo y que te conduces en obediencia a su Palabra.

sábado, 19 de diciembre de 2020

LA PRUEBA DE FUEGO

Pedro Berruguete (1450-1503) fue un pintor español durante la transición del estilo gótico al renacentista. En una de sus obras, La prueba de fuego (Museo del Prado, Madrid), ilustra una especia de juicio para establecer la verdad que se practicaba durante la Edad Media a los acusados a través de las llamas, las cuales, según se creía, resultaban inofensivas para quienes eran inocentes, pero consumían a los culpables. Pero en el cuadro de Berruguete los imputados son los libros. La pintura muestra a Domingo de Guzmán colocando una de sus obras sobre el fuego, a la vez que unos doctores albigenses hacen lo mismo. De manera prodigiosa, el libro del fundador de los dominicos se eleva sobre las llamas, que consumen los textos de los «herejes».

La prueba de fuego se aplicó a centeneras de libros en diversas ocasiones. La gente estaba convencida de que, si era libro inspirado por Dios, se elevaría sobre las llamas, a semejanza del libro de Domingo de Guzmán. Así fueron consumidas muchas obras durante una época en la que imperó el milagro sobre los argumentos racionales.

He observado el cuadro de Berruguete en más de una ocasión en el Museo del Prado. Cada vez que estoy frente a él mi cabeza comienza a dar vueltas. De pronto me pongo a pensar en lo difícil y desafiante que debe haber sido ser creyente en aquellas épocas. La elaboración de los libros demandaba un gran trabajo artesanal que consumía una buena parte de la vida de sus fabricantes. ¡Pero publicar libros sobre temas bíblicos era un verdadero peligro! Aun así, siempre hubo gente dispuesta a compartir la verdad del evangelio aunque supiera que muchos de sus esfuerzos terminarían en las llamas.

Lo cierto es que ni siquiera el fuego pudo detener la difusión de la Palabra de Dios durante la Edad Media. La promesa bíblica es: «Sí, la hierba seca, y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. […] así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié» (Isaías 40:8; 55:11). Hoy la Biblia sigue recibiendo críticas, ataques y descalificaciones. Se le aplican otro tipos de «pruebas» para contrarrestar su poder, pero el poder de la Palabra no merma, sino más bien, permanece vigente impactando la vida de quienes aceptan experimentar su influencia.

Ora a Dios para que te ayude a apreciar las Santas Escrituras en tu vida.

jueves, 17 de diciembre de 2020

EL PODER DEL TESTIMONIO

 


Juan Calvino (1509-1564) era un joven estudiante muy capaz. Se estremecía al escuchar las nuevas ideas que llegaban del norte de Europa y consideraba que los herejes merecían ser exterminados. De vez en cuando discutía sobre temas religiosos con uno de sus primos que se había unido a los reformadores.

Las palabras de su pariente lo hicieron pensar durante un tiempo y se empezó a cuestionar su experiencia espiritual. Parecía que nada podía aliviar su pena.

Casualmente, un día presenció la brutal muerte de un fiel cristiano acusado de herejía en la hoguera. «Se llenó de admiración al ver la expresión de paz que se pintaba en el rostro del mártir. En medio de las torturas de una muerte espantosa, y bajo la terrible condenación de la iglesia, daba el mártir pruebas de una fe y de un valor que el joven estudiante comparaba con dolor con su propia desesperación y con las tinieblas en que vivía a pesar de su estricta obediencia a los mandamientos de la iglesia, Sabía que los herejes fundaban su fe en la biblia; por lo tanto se decidió a estudiarla para descubrir, si posible fuera, el secreto del gozo del mártir» (El conflicto de los siglos, p.234).

Fue así como Calvino encontró a Jesús en la Escrituras. «¡Oh! Padre -exclamó-, su sacrificio ha clamado tu ira; su sangre ha lavado mis manchas; su cruz ha llevado mi maldición; su muerte ha hecho expiación por mí, Habíamos inventado muchas locuras inútiles, pero tú has puesto delante de mí tu Palabra como una antorcha y has conmovido mi corazón para que tenga por abominables todos los méritos que no sean los de Jesús» (Ibídem).

No sabemos quién fue aquel mártir cuyo testimonio conmovió el corazón de Juan Calvino, quien llegaría a ser una pieza clave en el desarrollo de la Reforma protestante. Lo cierto es que su valor conmovió al joven universitario y lo condujo a las Escrituras,

No se necesita poseer un título o grado para tener influencia en la vida de las grandes personalidades, Un fiel testimonio sacude las conciencias de las mentes más brillantes. Y aunque nunca sepamos en este mundo el impacto de nuestra fidelidad en medio de duras pruebas, será en el reino de los cielos donde contemplaremos el alcance de nuestra lealtad al Dios del universo.

No olvides que este día habrá varios ojos contemplando tus acciones. No le falles al Señor. Tu buen testimonio puede trascender más de lo que te imaginas.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

FIELES PORTAANTORCHAS

¿Te has preguntado cómo se extendió el cristianismo dentro del Imperio romano? Al principio, a través de los primeros discípulos y creyentes. Pero una vez que la iglesia creció y disminuyeron las persecuciones, el evangelio llegó a los lugares más remotos a través de dos medios: soldados y comerciantes cristianos. Aunque no lo creas, cuando hubo mejores circunstancias para la iglesia, la condición espiritual de la misma se vino abajo. Al fusionarse con el paganismo, la iglesia perdió el rumbo y se convirtió en todo un aparato de poder y política que heredó la estructura organizativa del Imperio romano y, a su caída, se convirtió en la nueva hegemonía de la época.

Lo interesante fue que los vientos de paganismo dentro de la iglesia no llegaron hasta los sitios más remotos donde había llegado el evangelio, como por ejemplo, Gran Bretaña y algunas regiones de África central. De acuerdo con Elena de White, «en todas las edades hubo testigos de Dios, hombres que conservaron su fe en Cristo como único mediador entre Dios y los hombres, que reconocían la Biblia como única regla de su vida y santificaban el verdadero día de reposo» (El conflicto de los siglos, p. 66). Estos hombres y mujeres seguían viviendo el cristianismo primitivo a pesar del paso de los años. En realidad, sabemos muy poco de estos fieles creyentes. ¿Qué desafíos tuvieron que enfrentar para mantenerse leales a la Palabra de Dios? ¿Cómo compartían con otros pueblos las Escrituras? No sabemos mucho, solo unas escasas referencias que nos llegan de algunos de sus detractores. Se trata de una historia que está escrita en el cielo, aunque ocupe un escaso espacio en las crónicas de la humanidad. Elena de White asegura que «nunca sabrá la posteridad cuánto debe el mundo a esos hombres» (ibídem). ¿Por qué? Porque el papado había decidido hacer desaparecer toda huella de oposición a sus doctrinas y decretos. Roma ordenó destruir cualquier escrito o persona opuesta a sus ideas. Además, se encargó de acabar con todo aquello que denunciase su intolerancia hacia sus opositores.

Los cristianos que apoyaban la Biblia y guardaban el sábado fueron borrados del mapa de parte de los emisarios de Roma. Su recuerdo pasó a la historia como fieles portaantorchas de la fe en un momento de gran apostasía dentro de la iglesia cristiana. Tal vez cuando estemos en el cielo conoceremos lo mucho que les debemos.

Decide llevar la verdad hoy dondequiera que vayas.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¡HÁBLAME, SEÑOR!

¿Tienes algún amigo o amiga que habla demasiado? Claro, uno de esos que siempre ocupa el centro de la conversación y no deja que los demás participen en ella. A veces resultan un poco molestos, ¿no es así?

William Shakespeare dijo que la prosperidad sobresale en el que sabe escuchar y no tanto en el que habla mucho. Cuando aprendes a prestar atención a los demás desarrollas uno de los hábitos más edificantes para tu vida social, intelectual y, por supuesto, espiritual.

Samuel era un niño cuando aprendió esta importante lección. ¿A quién aprendió a escuchar? ¡Nada menos que a Dios! ¿Acaso el Señor habla? ¡Por supuesto que sí! Lo que pasa es que muchas veces los seres humanos no lo dejamos hablar. Cuando oramos únicamente hablamos nosotros, ¿y el Señor? Pero Dios tiene mucho que decirnos, por eso es importante asumir una actitud de reverente atención.

¿Pero cómo habla Dios? En realidad, él tiene muchas formas de comunicarse con nosotros. Por supuesto, habla a través de la Biblia; también lo hace a través de los mensajes de sus siervos; habla por medio de las grandes lecciones de la naturaleza; asimismo, Dios abre y cierra puertas. No obstante, su voz también puede ser entendible al oído humano.

Una parte fundamental en el diálogo con Dios es escuchar su voz. Deja que él se comunique contigo esta mañana, dale tiempo para impregnar tu conciencia con sus palabras de vida eterna. No te dejes atrapar por la tiranía de lo urgente y por las prisas de la mañana. Mejor levántate más temprano para hablar con tu Padre celestial y oír su voz.

La vida cristiana se construye a partir de la relación con Dios, por lo que, si aprendes a escucharlo, llegarás a ser un fiel creyente. Así lo demuestra la vida de Samuel, quien a medida que creció se fue convirtiendo en un líder del pueblo de Israel. Gracias a su influencia y a su visión como dirigente, el pueblo de Dios vivió su esplendor como nación bajo los reinados de Saúl, David y Salomón. Sin embargo, uno de los atributos más importantes en la vida de este profeta fue que aprendió a escuchar atentamente la voz de Dios.

¿Te gustaría escuchar la voz de Dios? Esta mañana puedes intentarlo. Después de explicar tus pensamientos, dale tiempo al Señor para hablarte.

lunes, 7 de diciembre de 2020

SED DEL EVANGELIO

¿Alguna vez has tenido mucha sed? Si vives en una zona cálida es posible que sepas lo que significa suspirar por el agua. Palestina es un lugar donde hace mucho calor en cierta época del año, por lo que tanto hombres como animales consideran el agua como algo muy especial.

Los Israelitas sabían que sin agua no podían vivir. Durante la fiesta de las Cabañas había una ceremonia especial en la que los judíos pedían agua al Señor. Asimismo, en el tiempo de Jesús el agua era conocida como «el don de Dios», debido a que era una sustancia muy apreciada.

¿Te has preguntado qué pasaría si dejaras de tomar líquidos? Tu cuerpo puede soportar hasta tres días sin beber agua, y eso en los mejores casos. Sin embargo, tu organismo está diseñado para ingerir líquidos, y si no lo haces, tarde o temprano enfermarás. De la misma manera, tu vida y la mía fueron creadas con la necesidad de beber otro tipo de agua: la Palabra de Dios. Es decir, somos seres espirituales con una tendencia hacia lo sagrado en nuestras conciencias.

Eso quiere decir que todos los seres humanos, creyentes o incrédulos, reflejan sus tendencias espirituales a través de sus vidas. Por eso puedes ver tanta insatisfacción, tanta frustración y tanta depresión en la sociedad. Y déjame decirte que una vida frustrante es hasta cierto punto lógica, ya que la única solución a ese problema es beber del agua de vida que únicamente Jesús nos puede dar.

La única manera de sacar la sed existencial y de realización personal es bebiendo el agua que nuestra vida necesita. ¡Y es que fuimos creados para «alimentarnos» de este bendito líquido! Es entonces cuando te encuentras a ti mismo, cuando sabes para qué existes, cuando tu vida encuentra un significado. Eres un ser espiritual. Naciste para adorar a Dios. El deseo de rendir alabanza y reconocimiento corre por tus venas de manera vertiginosa.

Un día, mientras contemplaba las maravillas del medio ambiente, el joven David reconoció su profunda necesidad de Dios. Entendió que su naturaleza era espiritual y que su vida solo se llenaba con la presencia del Señor. Así que en vez de negar esta realidad, decidió aceptarla y buscar a su Padre celestial.

Y tú, ¿tienes sed de la Palabra de Dios? ¡Enhorabuena! Esa sensación no se puede comprar o adquirir de manera arbitraria. Simplemente te indica que no estás lejos del reino de los cielos.

#MatinaldeJóvenes